Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

Mary Reuland (izquierda), with Rod and Rhonda Carew (derecha)

Mary Reuland (izquierda), with Rod and Rhonda Carew (derecha).

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SAN JUAN CAPISTRANO, California — La historia de cómo Rod Carew, miembro del Salón de la Fama del béisbol, llegó a saber que su corazón y su riñón nuevos les pertenecieron al jugador de la NFL Konrad Reuland, resulta mejor contada por las dos personas responsables de descifrar el misterio.

Las investigadoras principales fueron Rhonda Carew, la esposa de Rod, y Mary Reuland, la mamá de Konrad.

Las mujeres se conocían poco, pero llegaron a convertirse en buenas amigas rápidamente cuando averiguaban si la muerte trágica de Konrad también ayudó a salvarle la vida a Rod.

Todo comenzó a eso de a las 4:30 p.m. del 14 de diciembre, cuando los Carew recibieron una llamada haciéndoles saber que se habían identificado los órganos de un donante. Rod los necesitaba porque había tenido un infarto con complicaciones posteriores.

Al ir camino al Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles, los Carew llamaron a sus familiares y amistades para compartir la buena noticia, aunque varios de ellos les respondieron con la misma pregunta extraña: ¿Creen que es Konrad Reuland?

Los Carew conocían a Reuland, un tight end de la NFL quien había sido compañero de sus hijos cuando estaban en secundaria. Hacía años que no escuchaban su nombre, y, ya que en esos momentos tenían muchas cosas más en qué pensar, realmente no le dieron mucha importancia a la pregunta.

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Después de que Rod entrara a la sala de operaciones a las pocas horas de la madrugada del 16 de diciembre, Rhonda se acomodó para la larga y tensa espera, y, al revisar sus mensajes de texto y correos, también fue notando las referencias a Reuland. Fue entonces que buscó información sobre él en Google.

Se enteró que había muerto por la ruptura de un aneurisma cerebral ese mismo lunes. Era viernes ya. A Rhonda se le había dicho repetidamente que transcurrirían cuatro días para trasladar el corazón del donante al receptor. Por eso, y por la singularidad de su pasado compartido, pensó que la teoría de que él fuera el donante era “poco probable”.

Pero sabía que tampoco la podía descartar.

A los Carew se les dijo que el donante era un hombre de su localidad, extraordinariamente saludable y en los últimos años de su veintena. Rhonda tenía la identidad del hombre tan presente, que cuando el cirujano trasplantista le comentó que todo había transcurrido bien, ella concluyó la conversación pidiéndole la edad exacta del donante.

“29”, dijo el médico.

Rhonda sintió un cosquilleo en la columna vertebral. No porque esa era la edad de Reuland, sino porque ese fue el número del jersey de Rod durante los 19 años de su carrera. Y esa es la razón también por cual su campaña de concientización sobre la enfermedad del corazón con la American Heart Association se llama “Heart of 29”.

Rhonda siguió convencida de que la teoría no era cierta. Pero la siguió oyendo con frecuencia los 10 días siguientes.

Rod y Konrad conocían a mucha gente en común, tanto por ser atletas profesionales, como porque sus familias habían vivido en el condado de Orange durante muchos años. Entonces, muchas de esas personas hicieron la conexión. Por ejemplo, el presidente de los Mellizos de Minnesota  escuchó al respecto de parte de un amigo en Standford, donde Konrad fue a la universidad.

Aun así, Mary Reuland no lo tuvo en claro sino hasta el 23 de diciembre mientras estaba en una cena particular después del funeral y el entierro de Konrad.

Asombrada, casi se tragó un grito, ya que, de niña él había sido su jugador favorito y recordó los años que sus familias coincidieron en el colegio St. John’s Episcopal School.  Pero, de hecho, no se había enterado acerca del trasplante antes de ese momento. Hubo varias otras personas que también lo mencionaron esa noche.

Al día siguiente, buscó información sobre Carew en Google, y coincidía con la vaga descripción que daban sobre el receptor: un hombre de 71 años del condado de Orange quien se trató en Cedars-Sinai. También se les había comunicado que el trasplante del último órgano se había llevado a cabo el 16 de diciembre, la misma fecha de la operación de Carew.

“Estaba 99.99 % segura”, dijo Mary. “Estaba predestinado”.

Se lo hizo saber a Rhonda por medio de amistades mutuas y, varios días después, Mary llamó a Rhonda, quien dejó que la llamada se grabara en el correo de voz por no reconocer el número.

“Oír su voz hizo que todo se hiciera más real”, dijo Rhonda. “Estaba muy conmocionada por la idea de que el corazón de Konrad se le hubiera dado a una persona tan buena”.

Fue entonces que empezó la investigación ya en equipo.

Lo primero que tenían que esclarecer era el tema del tiempo: los dos días entre la muerte de Reuland y la notificación a Carew, y luego otro día y medio hasta el trasplante. ¿Cómo podría un corazón aguantar tanto tiempo?

No podía. A Reuland se le declaró muerto porque ya no tenía actividad cerebral, pero la máquina que se usa para prolongar la vida mantuvo su cuerpo funcionando para que se pudieran donar sus órganos y tejidos. El corazón fue lo último que se recuperó.

Otra incógnita: ¿cómo es que una persona de 71 años puede recibir órganos de una de 29 años de edad?

Por lo general, no es posible, pero esta vez sucedió a raíz de la hepatitis B.

A Rhonda se le dijo que el donante tenía rastros de la enfermedad y, por lo tanto, era inmune. El receptor también tenía que ser inmune o podría ser susceptible a desarrollar la enfermedad. Este detalle eliminó a todos los pacientes de la lista de espera antes de Carew.

El tipo de sangre también tuvo algo que ver y fue la razón principal por la que Rhonda seguía creyendo que Reuland no era el donante.

Rod tenía tipo B negativo, uno de menos comunes. El tipo de Konrad era O, y Rhonda pensó que con eso se acababa el asunto. El tipo de sangre O es universal y se le puede dar a cualquier receptor. Por eso Rhonda sabía que Rod no estaría entre los primeros de la lista.

Pero, luego le informaron que el tipo de sangre del donante era O.

En ese momento tuvo que reírse de sí misma por sus protestas y se dijo, “Ay Dios. Debe ser verdad”.

Mary llamó a One Legacy, las oficinas en el área de Los Ángeles de Donate Life, la red nacional para la recuperación de órganos. Expuso su caso, y contó que muchas personas por todo el país habían hecho la conexión. En lugar de pedir la identidad del paciente, pidió que se le confirmara si era Rod.

Los representantes estaban sumamente sorprendidos. No sabían de ningún caso de un trasplante anónimo que ocurriera entre familias conocidas entre sí.

Rod no se había enterado de las actividades detectivescas de Rhonda. Ella se las contó después de haber confirmado el tipo de sangre, aunque él no entendió la magnitud de la noticia porque estar aún abrumado por el trasplante y la recuperación.

Eso fue a fines de enero, después que saliera del centro de rehabilitación.

“Supe que realmente lo había comprendido cuando me dio una mirada totalmente incrédula”, dijo Rhonda.

Rod quería conocer a los Reuland inmediatamente, para dejarles escuchar el latir del corazón de Konrad dentro de su pecho. Le preguntaba a Rhonda insistentemente, “¿cuándo vamos?”

El 2 de marzo, los Carew y los Reuland tuvieron una reunión emotiva en la que soltaron muchas lágrimas. Durante la visita, las familias compartieron el momento mágico en que Mary y su esposo Ralf escucharon el latido del corazón de Konrad en el pecho de Rod.

Caso cerrado. Y se había cimentado una amistad.

“Creo firmemente que si nos hubiéramos conocido bajo otras circunstancias, seríamos buenas amigas”, le dijo Mary a Rhonda.

“Ahora lo seremos”, le contestó Rhonda.

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