Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

Rod Carew le da un puñetazo amistoso a uno de los muchos admiradores que llegaron para el fin de semana de celebraciones del Salón de la Fama.

Rod Carew le da un puñetazo amistoso a uno de los muchos admiradores que llegaron para el fin de semana de celebraciones del Salón de la Fama.

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COOPERSTOWN, Nueva York – Rod Carew bajó la rampa afuera del Salón de la Fama de béisbol, la útima leyenda que salió del edificio después de un desfile y una recepción. Con cada paso, oyó los aplausos y los sentimientos hoy le comparten con frecuencia.

“¡Se ve bien, Rod!” le gritó uno de los casi 40 aficionados que permanecían agrupados detrás de una barricada del otro lado de la calle, casi tres horas después del desfile.

“¡Me alegro tanto que esté bien!” le gritó otro.

Siete meses después de recibir un corazón y un riñón, Carew cerraba un día largo que habría cansado a cualquiera. Y cualquiera habría entendido si se despedía del público, se metía en el VUD que le esperaba y se iba.

Pero Carew se dirigió al otro lado de la calle. Caminó a lo largo de la baranda, dio puñetazos victoriosos, posó para fotografías y parloteó un rato.

De los muchos momentos que durante el fin de semana recalcaron cuánto ha progresado en su lucha en contra la enfermedad del corazón, éste fue el más profundo. El hombre que hace un año necesitaba ayuda para salir y entrar en su vehículo durante el desfile, quien se pasó la recepción sentado en una silla y quien se sentía tan incómodo que se fue temprano, ese hombre ahora era el último en irse – y era él quien tenía la fuerza para seguir festejando.

“Ustedes siempre me aclaman”, les dijo a sus aficionados, “así que ésto es lo menos que puedo hacer”.

***

Carew ingresó al Salón de la Fama en 1991. Regresa casi todos los años para darle la bienvenida a los miembros nuevos que forman parte de la fraternidad más venerable del béisbol.

La visita del año pasado la hizo unos meses después de que un ataque al corazón y un paro cardíaco casi lo mataran. Para mantenerlo vivo, se le tuvo que implantar un aparato llamado dispositivo de asistencia ventricular izquierda, o DAVI. Estar aquí representaba mucho.

Pero fue una lucha. Agotamiento, pensó. La causa resultó ser un sangrado en el cerebro, un revés que ponía en peligro la misión de encontrar un corazón nuevo – o peor.

Cuando recibió el trasplante en diciembre, Carew sabía que no podría viajar por lo menos seis meses.

Por suerte, faltaban siete meses para el fin de semana de las celebraciones del Salón de la Fama.

Carew ha puesto a prueba sus límites cuando hace los ejercicios de rehabilitación que hace dos horas, tres veces por semana. Desde el chequeo que tuvo a los seis meses de la cirugía, ha viajado ya a Minneapolis para ser honrado en un juego de los Mellizos y en el Juego de Estrellas en Miami.

A donde va, Carew corre la voz de la importancia de la salud del corazón. Esa es la misión de Heart of 29, la campaña con la American Heart Association que él y su esposa, Rhonda, lanzaron poco después que empezara su odisea en septiembre 2015.

La campaña tomó su nombre del número del jersey que Carew usó durante su carrera. Ahora tiene un significado más profundo: el donante de su órgano, Konrad Reuland, tenía 29 años cuando murió después de que le estallara un aneurisma en el cerebro.

Reuland era un jugador para la NFL, y su corazón es el primero compartido por atletas profesionales. Aún más impresionante es que el donante y el receptor se había conocido; Reuland asistió a la misma escuela secundaria que los hijos de Carew, y sus caminos habían cruzado por lo menos una vez cuando Reuland tenía 11 años.

Los conmovedores lazos que atan esta historia siguen generando atención, ampliando el alcance de Heart of 29. Una conferencia de prensa el sábado por la mañana brindó otra oportunidad.

 

“Konrad Reuland está conmigo aquí hoy en el Salón de la Fama”, dijo Carew. “Konrad viaja conmigo ahora porque estamos tratando de salvar vidas…Vamos hacer muchas buenas obras juntos”.

El año pasado, Carew también concertó una conferencia de prensa en este mismo salón. Pero entonces, el mostró el aparato que controlaba y las baterías que operaban su DAVI. Este año, enseñó el mecanismo que había estado dentro de él.

“Esto es, para mí, casi un milagro”, dijo. “Me siento de maravilla. Mi corazón late con mucha fuerza…Fue un periplo largo, pero un buen periplo.”

Carew muestra su DAVI durante una conferencia de prensa.

Carew muestra su DAVI durante una conferencia de prensa.

La siguiente parada de Carew fue evento para firmar autógrafos cerca de Main Street, en frente del Salón.

Los rótulos en las paredes tenían instrucciones impuestas por Carew. No daría la mano. No se tomarían fotos detrás de la mesa. Es un recordatorio que el temor a la infección es constante, que a pesar de que está tan bien, hay problemas que pueden estar al acecho.

Carew iba a firmar su autógrafo por una hora y media. Pero la demanda – y el vigor que hace poco ha descubierto – lo motivaron a estar ahí más de dos horas antes de pedir que cesara el evento. De los casi 30 titanes del béisbol que estaban aquí esta tarde, ninguno aguantó tanto ni tuvo más clientes que él.

Algunos de los visitantes de Carew vinieron por más que un autógrafo.

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Dave Gray y su hijo, Matt, han hecho el viaje de más de una hora desde East Greenbush, Nueva York. Son principalmente fanáticos de los Yankees, pero este año su propósito era ver a Carew.

Gray está recuperándose de su propia experiencia con un DAVI y un trasplante de corazón. El DAVI le permitió encaminar a su hija al altar. Su segundo nieto llegó unos meses después de que recibiera su corazón nuevo. El trasplante fue hace 11 meses, y como medida adicional contra las infecciones, sigue usando una mascarilla protectora cuando se encuentra en una multitud.

Gray creó un álbum de fotos para conmemorar su periplo. Lo usa para animar a otros pacientes que están en lista de espera. Pensó que tener el autógrafo de Carew la daría un mayor impacto a su mensaje.

“Guau”, dijo Carew mientras Gray pasaba las páginas.

En una página en blanco, Carew escribió, “Que Dios continúe dándole sus bendiciones”. Le entregó el libro de regreso a Gray y le dijo, “le quiero enseñar algo”.

Volvió a sacar su DAVI.

Dave Gray y Carew.

Dave Gray y Carew.

“Imagínese éste adentro de nosotros”, dijo Carew.

“Eso era lo que yo también tenía”, dijo Gray.

“¿Lo sentía?” le preguntó Carew.

“Podría sentirlo en mis costillas, aquí”, dijo Gray tocándose la zona inferior izquierda de su caja torácica.

“Yo no”, dijo Carew.

Así compartían sus historias dos maravillas de la medicina. Al igual que Carew comparte un lazo especial con sus pares en el Salón de la Fama, siente otro tipo de conexión con Gray, un empleado de 39 años de Owens Corning a quien le encanta la conservería y trabajar de voluntario en el hospital donde le salvaron la vida.

“Qué fabuloso verle”, dijo Carew, extendiendo su brazo para darle un puñetazo de despedida.

Después de que unas cuantas personas pasaron por la fila, un muchacho quien lleva puesto al revés un gorro de los Expos de Montreal le entregó a Carew una pelota para que la firmara.

“¿Cómo está su salud, señor?” le preguntó el aficionado.

“Está bien”, le respondió Carew, con la mirada baja, a la pelota.

“Soy un paciente de trasplante, señor”, dijo el aficionado. Carew subió la cabeza inmediatamente.

“¿Lo es?” le preguntó Carew.

“Sí, un riñón”, contestó el admiradorficionado. “No tan mal como usted, pero igual”.

“También un riñón”, dijo Carew.

“¿Ah sí? ¿Cómo se siente?” le preguntó el aficionado.

“Me siento bien”, dijo Carew.

“Es fabuloso – tener una segunda oportunidad para vivir”, dijo el aficionado.

Barry Larkin, también miembro del Salón de la Fama, firmaba autógrafos en una mesa cercana. Uno de sus amigos conoció a Carew unos momentos después.

“Señor Carew, usted es una fuente de inspiración”, dijo el hombre, quien se haló el cuello de la camisa para revelar la cicatriz de la cirugía de corazón que él tuvo.

Carew se inclinó para verla, y luego se desabotonó la camisa para revelar la cicatriz. Sonrió calurosamente y le ofreció otro puñetazo.

“Ya sabe que somos hermanos”, dijo Carew.

“Sí”, le confirmó el hombre, mientras se inclinaba hacia atrás y le daba el visto bueno haciendo un gesto con el pulgar.

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El año pasado, el desfile fue el punto emocional culminante para el fin de semana de Carew. Alguien le grito, “gracias por estar vivo”, y Carew no soltó lágrimas, como lo hacía con frecuencia cuando usaba el DAVI, sino que lloró a mares.

Esta vez, los comentarios como “¡sigue viviendo!” le hicieron sonreír. La excepción fue cuando vio a un grupo de aficionados con sus manos sobre sus corazones. Eso trajo lágrimas a los ojos.

Durante la recepción, Carew muestra con orgullo la placa de membresía del Salón de la Fama.

Durante la recepción, Carew muestra con orgullo la placa de membresía del Salón de la Fama.

Carew posa frente a su puesto junto a su esposa, Rhonda (vestido rosado) y su suegra, Peggy Fedden (suéter blanco).

Carew posa frente a su puesto junto a su esposa, Rhonda (vestido rosado) y su suegra, Peggy Fedden (suéter blanco).

Otro recuerdo memorable del año pasado ocurrió el domingo de la ceremonia de iniciación. Para Carew, fue uno de los momentos públicos más bajos porque necesitó ayuda para subir y para bajar del escenario. Y aún con la asistencia, le fue difícil.

Eta vez, cuando presentaron a a Carew, lo hicieron con los elogios usuales por sus logros en el mundo del béisbol, y el presentador Brian Kenny del canal MLB Network concluyó la introducción diciendo, “Este año, la visita a Cooperstown es aún más especial porque en los últimos meses ha tenido ambos un trasplante de corazón y un trasplante de riñón, y le han salvado su vida. Damas y caballeros, es particularmente maravilloso este año darle la bienvenida nuevamente al miembro del Salón de la Fama, promoción de 1991, Rod Carew”.

Y entonces salió, saludando al público mientras caminaba a su lugar. Y con cada paso, se hacía más fuerte el clamor del público.

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Para los miembros del Salón de la Fama, el momento que destaca el fin de semana es una cena privada el domingo por la noche – es cuando hombres en su cuarentena y hasta en sus ochenta y tantos se ponen al corriente como si fueran adolescentes.

Carew asistió a la cena del año pasado preguntándose si volvería.

Esta vez, hizo una presentación. Con su DAVI, por supuesto.

El salón bullicioso se volvió silencioso. Los grandes del béisbol se convirtieron en alumnos atentos mientras Carew explicaba qué hizo el aparato por él, y dónde se lo habían colocado.

Se la pasó a otros para que lo vieran y sintieran cuánto pesaba – tanto casi como dos pelotas de béisbol. Les sorprendió saber qué hizo el aparato por él y que nunca lo había sentido.

Carew cerró su sesión con un llamado.

Les pregunto: ¿quién se ha chequeado el corazón? quién se ha asegurado que sus familiares lo hagan? ¿amigos?

Se dio una palmada en el corazón y dijo, “mi muchacho está aquí conmigo”, y preguntó: ¿quién es donante de órganos?

“Además, todo se recibió bien”, dijo Carew al día siguiente. “Nuestro mensaje se va entendiendo. Y eso es todo lo que queremos hacer”.

Una de las 36 pelotas que firmó Carew con esta dedicatoria.