Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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SAN JUAN CAPISTRANO, California – Rod Carew, miembro del Salón de la Fama del béisbol y reciente receptor de un trasplante, sabe ahora a quién le pertenecieron el corazón y el riñón que lo mantienen vivo: a Konrad Reuland, tight end de la NFL quien murió después de la ruptura de un aneurisma cerebral.

Konrad Reuland (Foto cortesía de los New York Jets)

Konrad Reuland (Foto cortesía de los New York Jets)

Se cree que es el primer trasplante de su especie entre atletas profesionales, pero ese es solo uno de los muchos vínculos que comparten estos dos deportistas. Otro de ellos es que Reuland acudió a la misma escuela secundaria que los hijos de Carew. Los caminos del donante y del receptor ya habían coincidido desde antes.

Hubo amigos mutuos que fueron atando los cabos entre la muerte de Reuland y la segunda oportunidad de vida de Carew. Las familias colaboraron para confirmarlo. Luego descubrieron las probabilidades de que fuese cierto, y, eventualmente, lo confirmaron por medio de la red local proveedora de órganos.

El 2 de marzo tuvo lugar una reunión singular en la casa de los Reuland, donde, una familia llena de alegría, y otra todavía penando, se vieron vinculadas por el regalo generoso de un hombre joven.

“Ahora son parte de mi familia”, les dijo Mary Reuland, mamá de Konrad, a Rod y a su esposa Rhonda.

“Sí”, dijo Rod. “De por vida”.

El padre de Konrad, Ralf Reuland, es médico. Con uno de sus estetoscopios, se sentó junto con Mary y Austin, el menor de sus hijos, a escuchar cada latido del corazón de Konrad en el pecho de Rod.

A Mary se le abrieron más las esquinas de la boca y brincaron sus cejas al oírlos. “Ahí está”, dijo suavemente con una sonrisa de punta a punta mientras recostaba la cabeza sobre el hombro de Rod.

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“¿Se oye igual?” preguntó Ronda.

Mary levantó la cabeza, dándose por aludida y dijo, “Me lo tengo memorizado”.

Cuando Ralf escuchó el latido, cerró y apretó los ojos, luego abrió la boca sin hablar, susurrando, un momento después: “Bienvenido de regreso a casa, Konrad”.

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Konrad murió el 12 de diciembre. Tenía 29 años. Durante las últimas horas que Mary pasó con su hijo mayor, mantuvo el oído derecho sobre su pecho, dándole luego sus últimas palabras al representante de la red proveedora órganos: “asegúrese de que su corazón se le otorgue a una muy buena persona, porque Konrad era una muy buena persona”.

Cuando supo la posibilidad de que el corazón de Konrad se le había donado a Carew, Mary casi perdió el aliento.  Recordó ir al Angel Stadium de niña con su papá y sus hermanos a verlo jugar; era su jugador preferido. Poco después, buscó información sobre Carew y, al darse cuenta de  su buena reputación y labor caritativa – además de que él también había vivido el dolor de enterrar a un hijo – decidió que era una persona digna de ser el receptor, y eso fue lo que le dijo cuando lo conoció.

“Gracias,” le dijo Carew. “Voy a cuidar este corazón porque se me ha dado una segunda oportunidad. Dios sabe cómo me siento y lo que haré por Él”.

Cuando las personas famosas reciben un trasplante – y cuando éstas tienen la edad de Carew,  71 años – surgen preguntas sobre el trato preferencial. Al agregársele a este caso el vínculo de los deportes profesionales y el pasado compartido, es seguro que eso se escudriñará aún más. Sin embargo, los estrictos protocolos garantizaron que el proceso de donación fuera anónimo.

Si los Reuland hubieran querido que Carew recibiera los órganos de Konrad, habrían podido hacérselo saber. Eso se conoce como “donación dirigida”. También es también notable que debido a su estado de salud a Carew se le haya asignado a un puesto muy alto en la lista, aun a pesar de su edad.

“Estamos tan agradecidos, tan agradecidos, que… no hay palabras adecuadas”, Rhonda les comentó a los Reuland.

Parecería que la trama completa de este trasplante proviniera de la cercana ciudad de Hollywood.

La historia se remonta a las épocas cuando Konrad estudiaba en la St. John’s Episcopal School en Rancho Santa Margarita, California, donde fue alumno desde sexto a octavo grado. La hija de Rhonda, Cheyenne, cursó ahí los tres años, y su hijo Devon también estuvo ahí durante el último año de Konrad. Más adelante, Devon fue compañero de baloncesto de Warren, el hermano menor de Konrad.

Es muy posible que estos futuros donante y receptor hayan interactuado varias veces. El primer encuentro impactó a Konrad, quien tenía entonces unos 11 años.

“De lo único que podía hablar el resto del día fue, ‘¡conocí a Rod Carew!”, recordó Mary.

Después de ser una estrella de baloncesto en los primeros años de su adolescencia, Konrad empezó a jugar al fútbol americano y fue el tight end más sobresaliente del país al graduarse de secundaria. Fue a Notre Dame y luego se trasladó a Stanford, donde pasó tres temporadas como compañero de equipo de su hermano Warren.

Konrad jugó varias temporadas en la NFL, con los New York Jets y los Baltimore Ravens, y también como parte de los San Francisco 49ers  y los Colts de Indianapolis.

Los Colts lo dieron de baja en agosto, y se pasó el otoño haciendo ejercicio en su casa con su hermano más pequeño, Austin.

Austin Reuland (izquierda) y Warren Reuland (derecha).

Austin Reuland (izquierda) y Warren Reuland (derecha).

Después de lidiar varios años con un ligamento roto en la rodilla y cirugía para el pie, Konrad estaba en mejores condiciones que nunca. El hombre, quien medía 6 pies y 6 pulgadas y pesaba 270 libras, estaba en forma y esperando que lo llamara un equipo. También se preparaba para la vida después del fútbol, participando durante  la primavera anterior en la academia empresarial NFL Business Academy, en la Universidad de Michigan, para luego comprar un dúplex de cuatro unidades como su primera entrada en el ámbito de las bienes raíces comerciales.

Dos días después del Día de Acción de Gracias, iba corriendo en un andador cuando sintió un clic detrás del ojo izquierdo, junto con un dolor de cabeza intenso. Fue cuando emergió el aneurisma; se le infló una arteria en el cerebro, la cual le estalló unos días después, sometiéndolo a una cirugía de 17 horas. Nunca salió del coma, y su actividad cerebral cesó unas dos semanas después.

Por su parte, la odisea médica de Carew empezó en septiembre 2015, cuando tuvo un ataque de corazón casi mortal mientras jugaba al golf. Se pasó un año con un dispositivo de asistencia ventricular izquierda (DAVI) que le pusieron en el pecho para que realizara la función de su corazón dañado.

El otoño pasado, los anticoagulantes que tomaba como parte del protocolo del uso del DAVI le ocasionaron hemorragias cerebrales haciendo que encontrar un corazón nuevo se hiciera más urgente.

Se le puso en la lista de espera de trasplantes el viernes antes del Día de Acción de Gracias, y subió de puesto unas semanas después. El 13 de diciembre recibió la llamada informándole que se había encontrado un par de órganos, y recibió el corazón y el riñón dos días después.

La escena que vincularía a Carew y Reuland para siempre tuvo su desenlace en abril del año pasado en la casa de Mary y Ralf.

Mary preparaba la cena mientras Konrad renovaba su licencia de conducir. Le preguntó si debía ser donante de órganos. Ella le dijo que era una decisión personal, y él le preguntó qué había hecho ella. Su respuesta fue que se había registrado para serlo, y él decidió hacerlo también.

El círculo con color que está debajo de RSTR, y arriba y a la derecha de su firma, identifica a Reuland como un donante de órganos.

El círculo con color que está debajo de RSTR, y arriba y a la derecha de su firma, identifica a Reuland como un donante de órganos.

Las familias llegaron a saber de su posible conexión por los grupos de amigos que tenían en común. Por ejemplo, Devon Carew y Warren Reuland son amigos en Facebook.

Luego se corrió la voz en el condado de Orange, y después en el mundo de los deportes entre personas que conocían las dos sagas.

Los únicos detalles que recibieron los Carew antes del trasplante fueron que el donante era “hombre,” en los últimos años de su veintena, y excepcionalmente sano. Más adelante conocieron su edad exacta: 29.

A los Reuland se les dijo que el receptor era un hombre de 71 años del condado de Orange quien recibió tratamiento en Cedars-Sinai.

Aunque la diferencia de edades sea sorprendente, el factor clave en este caso fue la hepatitis B. Ambos eran inmunes, mientras que ninguna de las personas en la lista de espera, con lugares por arriba de Carew, lo era.

El momento fue acertado, y el tipo de sangre también. Al fin de cuentas, Rod resultó ser el hombre ideal, en el momento idóneo, cuando Konrad sufrió su calamidad.

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Ahora las familias quieren usar el poder de esta historia para ayudar a más gente.

Desean enfocar la atención hacia la enfermedad del corazón y la salud cerebral, con la esperanza de que la gente se aplique más en sus esfuerzos preventivos. La enfermedad del corazón y los ataques cerebrales son las causas principales de muerte a nivel mundial.

La enfermedad del corazón ha impactado a los Reuland también. El papá de Mary, así como su hermano de 31 años, murieron de infartos; el papá de Ralf tiene una endoprótesis y tiene que lidiar con fibrilación auricular.

Ambas familias quieren animar a más personas a convertirse en donantes de órganos. Para entender el impacto que puede tener un donante, se debe reflexionar en que son varias las personas que podrán beneficiarse de los órganos y tejidos de Konrad. El alcance que tendrá su donación no se conocerá del todo sino hasta dentro de un año, por lo menos. (La familia de Carew se inscribió hace tiempo como donantes para conmemorar a su hija, Michelle, quien murió de leucemia porque no pudo encontrar una donante compatible para un trasplante de médula ósea).

Los Reuland también buscan donativos para un fondo de dotación en honor a Konrad por medio de la organización Big Brothers Big Sisters, y, el entrenador de fútbol de la Mission Viejo High School estableció otro fondo para una placa que se colgará por debajo del marcador en el estadio de la escuela. Con el dinero que sobre se establecerá un fondo de becas.

A las familias les entusiasma la futura colaboración, sobre todo en la campaña “Heart of 29” que inició Carew el año pasado con la American Heart Association.

El nombre del programa viene del número del jersey que Carew usó durante su carrera. Ahora, en virtud de que Konrad murió a los 29 años, es un título con un significado aún más profundo.

“Esto es sencillamente increíble”, dijo Rod. “Se me ha dado una segunda oportunidad, y la voy a aprovechar. Y, he ganado otra familia”.

“Va a ser algo fabuloso”.

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