Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Como investigadora de muchos años del ataque cerebral, Patrice Lindsay, Ph.D., ha visto de cerca los avances médicos para tratar la segunda causa de muertes a nivel mundial. Y como superviviente, sabe por experiencia cuánto ha mejorado el cuidado de pacientes desde que ella sufrió un ataque en 2001.

Los programas para evaluar la calidad del cuidado de dichos pacientes han mejorado el trato de ellos, dijo Lindsay. Esos programas se fundamentan en parte en información de pacientes que proporcionan los hospitales. Esos detalles se almacenan en bases de datos llamadas registros de pacientes.

“[Un registro] nos ayuda a realmente entender si hay problemas porque no se siguen las pautas o no se cumplen las metas”, dijo Lindsay, quien fue enfermera y es la directora de ataque cerebral en el Heart and Stroke Foundation of Canada. “Es entonces que podemos dirigirnos a los recursos para mejorar la calidad, y así no actuamos a ciegas para saber dónde tenemos que hacer cambios”.

Las bases de datos están llenas de información del mundo real de una condición o exposición a un riesgo a la salud. A largo plazo, ayudan a los investigadores saber, por ejemplo, qué medicinas son efectivas, cómo afectan las enfermedades a hombres y mujeres, y si los médicos y enfermeras les están dando el cuidado correcto a los pacientes.

Sin embargo, muchos de los programas existentes a nivel mundial no requieren que los médicos obtengan la autorización de los pacientes para que se incluya su información en un registro, aunque es posible que algunos hospitales tengan sus propias políticas de autorización.

Los registros del ataque cerebral incluyen detalles como la edad del paciente, su género, raza y etnia, el tipo de ataque cerebral que se sufrió y los medicamentos. Algunos también recogen información sobre la recuperación del paciente a largo plazo. Los nombres, las direcciones, las fechas de nacimiento y los detalles personales se omiten cuando la información se comparte con científicos para estudios de investigación.

En vista de que no se ha estudiado el ataque cerebral tanto como la enfermedad del corazón, “el valor [de la información] no se puede disputar”, dijo el especialista en ética médica Arthur L. Caplan, Ph.D., un profesor y director de ética en medicina de la NYU School of Medicine. “La pregunta real en cuanto a la ética es, ¿qué nivel de autorización se necesita?”

Caplan se ha dedicado a estudiar la ética médica por casi cuatro décadas. Dijo que en los casi 60 años desde que médicos estadounidenses usaron las células cancerosas de Henrietta Lacks, sin su conocimiento, para realizar estudios, algunos gobiernos han hechos cambios significativos para proteger los derechos y la privacidad de los pacientes. Por ejemplo, n los años noventa, por ejemplo, muchos hospitales empezaron a requerir la autorización de pacientes para tomar muestras de su tejido, dijo Caplan. Y en 1996, el congreso aprobó la ley federal de privacidad del paciente conocida como HIPAA.

Bajo la ley estadounidense, dijo Caplan, los proveedores de atención médica no tienen que pedir autorización para recopilar la información de pacientes para estudios la investigación si se les está tratando por una emergencia y si un comité independiente de prácticas de ética ha autorizado la práctica. Eso tiene sentido cuando alguien está sufriendo un ataque cerebral, dijo el académico, porque es posible que los pacientes no puedan físicamente dar permiso, y es posible que sus familiares no estén disponibles para hacerlo.

Ben Heywood es presidente y cofundador de PatientsLikeMe, una organización privada que aboga por el derecho de pacientes de controlar cómo se usa su información.

La empresa basada en Cambridge, Massachusetts administra un registro en el que personas con condiciones crónicas como el ataque cerebral pueden aportar su información de salud. La información se comparte con pacientes, investigadores y empresas farmacúticas para mejorar el cuidado a pacientes – y eso beneficia a los pacientes mismos, dijo Heywood.

Pero dijo que aun así los pacientes deben tener la opción de decir sí o no. “Es cuestión de obtener permiso para usar la información”, dijo Heywood.

En Canadá, algunos registros son administrados por ministerios de salud provinciales y es posible que requieran el permiso de pacientes para recolectar su información. Pero un estudio de 2004 encontró que el proceso era difícil de manejar y costoso, y que exigía que las enfermeras pasaran un tercera parte de su tiempo repasando con los pacientes la información de la autorización. En un período de dos años, el costo representó aproximadamente medio millón de dólares canadienses.

En Australia y Suecia, los supervivientes de un ataque cerebral tienen la opción de no participar en los registros.

Los registros como Get With The Guidelines-Stroke de la American Heart Association y el registro de la organización internacional sin fines de lucro Safe Implementation of Treatments in Stroke (SITS), controlan las trayectorias del proceso de tratamiento. Por ejemplo,  qué tan rápido llegan los pacientes al hospital después del inicio de los síntomas del ataque cerebral, qué tan rápido le hacen una tomografía y qué tratamiento reciben.

Según un estudio internacional reciente de registros, en algunos países como Austria y Rusia, se requiere a los centros especializados para el tratamiento del ataque cerebral agregar la información a las bases de datos. En Australia, Estados Unidos y Taiwán, la participación de los hospitales es voluntaria.

“Es importante que se monitoreen rutinaria y confiablemente los procesos de cuidados y los resultados de salud para saber dónde existe una variación indebida, para que los esfuerzos de mejoría de calidad valgan la pena”, dijo Dominique A. Cadilhac, Ph.D., una profesora agregada de investigación de la School of Clinical Sciences de Monash University in Melbourne, Australia. También es la custodia de datos del registro de ataque cerebral de Australia.

Cadilhac y sus colegas recientemente estudiaron los registros de ingresos hospitalarios de más de 17.000 pacientes de ataque cerebral del Australian Stroke Clinical Registry. Los investigadores encontraron que los pacientes que recibieron tratamiento en unidades especializadas en dónde se siguieron protocolos de cuidados efectivos tenían más probabilidad de vivir y tener una mejor calidad de vida que los que se trataron en otras salas de hospital.

Uno de los objetivos de los registros es evaluar el tratamiento del ataque cerebral en mujeres y minorías étnicas y raciales, con el fin de disminuir las diferencias en el cuidado de esos grupos.

Esa información ayuda a identificar los prejuicios de los médicos, dijo el neurólogo Steven Messé, M.D., un profesor agregado del Hospital of the University of Pennsylvania.

De hecho, en un estudio del año pasado, Messé y sus colegas analizaron los expedientes de más de 61.000 pacientes que habían sufrido un ataque cerebral isquémico y que calificaban para el tPA, el medicamento que disuelve coágulos. Los investigadores encontraron que se dio la medicina a aproximadamente tres cuartas partes de los pacientes que calificaban, pero los que tenían síntomas menos graves tenían menos probabilidades de recibirlo.

“Ése es uno de los papeles importantes de estos registros, que cuando hay nueva información, [se espera] que cambie prácticas”, comentó Messé.

Aunque los hospitales han recopilado información de pacientes desde por lo menos la década de los cincuenta, el primer registro nacional del mundo para evaluar los cuidados del ataque cerebral empezó en Suecia en 1994. Desde entonces se han lanzado registros en más de una docena de países, incluso en Estados Unidos, Canadá, México, Argentina y China. En algunos casos, la administración del registro la lleva un gobierno, y en otros casos, organizaciones sin fines de lucro. Algunos fungen como entidades independientes.

El neurólogo sueco Bo Norrving, M.D., Ph.D., fue uno de los investigadores que impulsó la creación de un registro nacional de ataque cerebral en Suecia. A raíz de ese registro, se han hecho más estudios que toman en cuenta el papel que la escolaridad y los ingresos del paciente juegan en la enfermedad. La información sobre el país de natalidad del paciente también ha permitido a los investigadores suecos estudiar cuán frecuente es el ataque cerebral entre inmigrantes.

Los peritos dicen que la información de los registros ha conllevado a importantes cambios a nivel mundial en el tratamiento del ataque cerebral.

Por ejemplo, los departamentos de urgencias están mejores equipados para tratar a pacientes que sufren un ataque cerebral agudo, como también lo están las unidades especializadas para tratar la enfermedad. Hay también más iniciativas de prevención, incluso en Nigeria, donde ahora hay más conciencia y conocimiento sobre la enfermedad, dijo el neurólogo Yomi Ogun, M.D., profesor de medicina interna y neurología de la College of Medicine de la Lagos State University. La información de los registros nigerianos ha revelado que los ataques cerebrales van en aumento en ese país africano, dijo Ogun, presidente de la Nigerian Stroke Society.

Los registros tienen protocolos de seguridad que prácticamente imposibilitan la filtración de los datos de los pacientes, dicen los peritos. En general, los investigadores que quieren acceso a la información tienen que cumplir con políticas de uso estrictas.

Caplan dijo que desconoce de algún registro que haya sido pirateado. Dijo que los expedientes de pacientes en hospitales tienen más valor para los ladrones de identidad que la información anónima de los registros.

De todas formas, las personas comparten rutinariamente información médica sin pensarlo, dijo Caplan. Por ejemplo, los pacientes con desfibriladores y marcapasos implantables dan su información de salud a los fabricantes de los aparatos que rastrean la funcionalidad de la pila. Y muchos divulgan información personal como su peso, estatura y ritmo cardíaco cuando usan dispositivos y aplicaciones que monitorean el ejercicio que hacen.

“Al fin de cuentas, quizás no podemos realmente garantizar la privacidad como alguna vez pensamos que pudimos,” concluyó.