Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Según un estudio reciente, hay proveedores de servicios de salud que no están cumpliendo con su deber cuando les dan tratamiento a mujeres y a minorías étnicas y raciales que sufren de insuficiencia cardíaca. Aun así, estos resultados no causaron furor en el mundo de la cardiología.

Los resultados del estudio mostraron que era menos probable que los proveedores les ofrecieran un desfibrilador cardioversor implantable, o DCI, a ciertos grupos, tales como mujeres, negros e hispanos. El DCI es un aparato que genera un impulso eléctrico cuando el corazón tiene un ritmo irregular, y podría salvarle la vida a un paciente que lo necesite.

Según expertos en el tema, es lamentable, y nada nuevo, que existan esas disparidades. Además, el estudio confirma que el problema perdurará.

Algo tiene que cambiar, dijo Samir Saba, M.D., un electrofisiólogo cardíaco en el University of Pittsburgh Medical Center, quien no fue investigador del estudio.

“Existe muy poca información sobre el origen de las causas”, dijo Saba, quien ha atendido a pacientes con insuficiencia cardíaca durante casi dos décadas. Las causas podrían relacionarse con el médico o con el paciente, comentó. “Estamos en 2017… y aún seguimos especulando sobre lo que podría estar pasando”.

El estudio, que se publicó el verano pasado en la revista científica Circulation, se encuentra entre los primeros 10 avances científicos sobre la enfermedad del corazón y el ataque cerebral identificados por la American Heart Association. El sondeo incluyó a más de 21 000 pacientes con insuficiencia cardíaca hospitalizados en 236 hospitales que cumplen con el programa de la AHA Get With the Guidelines-Heart Failure, cuyo objetivo es mejorar el cuidado de enfermedades cardiovasculares en los hospitales.

Los proveedores de servicios de salud – la mayoría de ellos cardiólogos – hablaron con aproximadamente una de cada cinco mujeres sobre la opción de recibir un desfibrilador, a comparación con uno de cuatro hombres. Los pacientes de minorías tuvieron aún menos probabilidad de recibir la información. Comparados con los blancos, la tendencia entre los pacientes negros e hispanos de tener una conversación sobre el DCI fue de un 31 % y 30 % menos, respectivamente. Estos pacientes también tendieron menos a recibir una receta para DCI, comparados con los blancos. Las mujeres, sin embargo, tuvieron la misma probabilidad que los hombres de recibirla.

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Se calcula que 5.7 millones de adultos estadounidenses tienen insuficiencia cardíaca. Aproximadamente la mitad de ellos mueren en los cinco años después del diagnóstico.

Hace 10 años, una investigación similar mostró que la gran mayoría de los pacientes calificados para recibir un desfibrilador, y que lo recibieron, fueron blancos. Un par de años después, otro estudio mostró que había más pacientes que recibían un DCI, en general, pero que las cifras seguían siendo bajas en mujeres y negros comparadas con los hombres blancos.

Los expertos dicen que hay varias deficiencias que pueden explicar los resultados de este reciente estudio. Es posible, por ejemplo, que los médicos sí hablen con los pacientes acerca del DCI, pero que, si estos no deciden ponérselo, el historial médico del paciente podría no reflejar la conversación en sí.

Por otra parte, es posible que otros médicos estén renuentes a recomendar un tratamiento costoso que las aseguradoras no siempre cubren en su totalidad, dijo Mark Link, M.D., un electrofisiólogo cardíaco en la UT Southwestern Medical Center en Dallas. Link no participó como investigador en el estudio reciente.

Los cardiólogos deberían hacer más conciencia de que este problema existe; “ya que creo que todos diríamos, pues, ese no soy yo, yo no pienso así”, dijo.

En cuanto a los pacientes, las disparidades pueden darse a raíz de los factores culturales raciales y étnicos, o por diversos factores económicos o de educación. Link recomienda que los pacientes se informen acerca de su condición y las opciones de tratamiento, además de hacerles preguntas a sus médicos.

El cardiólogo Adrian F. Hernandez, M.D., uno de los autores del estudio, dijo que los hospitales y los sistemas de salud tienen que tomar la batuta para hacer cambios.

“Creo que lo principal es que necesitamos sistemas para identificar a todos los pacientes [con insuficiencia cardíaca] que están en riesgo [de muerte súbita], y hablar con ellos de manera más uniforme acerca de cómo pueden reducir ese riesgo”, dijo Hernández, del Duke University Hospital.

Algunos hospitales ya lo están haciendo.

El programa de documentación electrónica utilizado en el University of Pittsburgh Medical Center incluye una función de recordatorio para que los médicos no olviden hablar acerca del DCI con los pacientes con insuficiencia cardíaca que pueden calificar para el dispositivo. El Massachusetts General Hospital está considerando hacer algo igual.

No obstante, hay expertos que coinciden con que el paso inicial y de mayor importancia es que los cardiólogos les ofrezcan el aparato a un mayor número de pacientes, cuando se considera lo encontrado en el estudio reciente: que solo uno de cinco pacientes tuvo la conversación sobre la opción del DCI con su médico.

“Si solucionáramos el gran problema de saber por qué no se toca el tema con el 80 %, también se podría resolver el problema secundario de las disparidades de etnia y género”, dijo Saba.