Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

En esta imagen del 1 de septiembre de 2005, Polly Ladner (izquierda) y Jude McDonnell observan los escombros de lo que fue su apartamento en Gulfport, Mississippi. La pareja regresó a ver que quedó después que pasó el huracán Katrina por esa comunidad. (Foto por Joe Raedle/Getty Images)

En esta imagen del 1ro de septiembre de 2005, Polly Ladner (izquierda) y Jude McDonnell observan los escombros de lo que fue su apartamento en Gulfport, Mississippi. La pareja regresó a ver que quedó después que pasó el huracán Katrina por esa comunidad. (Foto por Joe Raedle/Getty Images)

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Varios meses después del huracán Katrina que devastó la ciudad en agosto 2005, un grupo jóvenes cardiólogos en Nueva Orleans tuvieron un presentimiento: parecía que atendían a más pacientes por infarto en la sala de emergencia del Tulane Medical Center, comparado con los tiempos antes del desastre.

En un análisis inicial de la tasa de ataques al corazón del periodo de tres años posteriores a la tormenta, los resultados apuntaban a que tenían razón.

Ahora, un nuevo estudio realizado por algunos de esos médicos, muestra que el aumento de la tasa no fue pasajero. Efectivamente, en la última década, la tasa de ingresos por infarto ha seguido aumentando en el hospital de Nueva Orleans. Los investigadores suponen que el estrés inmediato de lidiar con la situación, ocasionó un aumento en infartos poco después de Katrina.

El estudio es uno de varios llevados a cabo en años recientes para analizar cómo las catástrofes naturales, incluso los terremotos y tsunamis, afectan la salud cardiovascular.

En Tulane, durante los 10 años posteriores a Katrina, aproximadamente el 3% de las admisiones —o 2.341— fueron por infartos. En el periodo de dos años antes del huracán, menos del 1% —150 pacientes— ingresaron por infartos.

“Nos sorprendió que esto haya persistido por 10 años”, dijo el Anand M. Irimpen, M.D., el autor senior del estudio y profesor agregado de medicina clínica en el Tulane Heart and Vascular Institute de la School of Medicine de Tulane University. “Espero que baje”.

Es posible que ahora los médicos estén viendo los efectos prolongados de las inquietudes económicas y emocionales que se derivaron de la tormenta, dijo Irimpen, cuyos pacientes le han comentado que sus vidas después de Katrina son más duras.

Los hallazgos se presentaron en noviembre en el congreso Scientific Sessions de la American Heart Association.

Los pacientes que ingresaron al hospital después de Katrina tendieron a tener condiciones vinculadas con enfermedades del corazón, como, por ejemplo, presión arterial alta, colesterol alto y diabetes –resultados que no sorprendieron a Irimpen.

“A su regreso después de la tormenta, la mayoría de las personas tuvo la prioridad de reconstruir sus casas y no su salud”, dijo Irimpen. Él mismo tuvo que vivir en Dallas seis meses después de Katrina, en lo que le reparaban su casa.

Hay estudios que muestran que este no es un hecho único. En un análisis publicado en 2015, los investigadores hallaron que durante el mes que siguió al Gran Terremoto de Japón Oriental y el tsunami de 2011, se dio un aumento pronunciado de muertes por infarto y ataque cerebral en la zona devastada por el terremoto.

Los investigadores estadounidenses que estudiaron el impacto del huracán Sandy encontraron que, en comparación con las estadísticas de los cinco años anteriores, en las dos semanas posteriores al huracán, aumentaron los infartos en un 22% en las zonas de Nueva Jersey más afectadas por la tormenta de 2012. También aumentaron las muertes por infarto y las muertes por ataque cerebral.

Un investigador del impacto de Sandy, John B. Kostis, M.D., quien evadió la tormenta en su casa en Warren, comentó que es importante estudiar cómo los huracanes, terremotos y otros desastres afectan el corazón, ya que eso ayudará a las comunidades a prepararse mejor para los eventos climáticos que pueden limitar acceso a comida, agua, vías públicas – y hospitales para emergencias tales como infartos.

Una de las lecciones importantes presentadas en los resultados indica que, aunque uno sobreviva una catástrofe, “los desastres naturales afectan a las personas y comunidades por mucho tiempo”, dijo Kostis, vicerector de investigación cardiovascular en la Rutgers Robert Wood Johnson Medical School y director del Cardiovascular Institute de la facultad.

Paul Jeffrey se aleja de su casa (centro, al fondo) en Ortley Beach, Nueva Jersey. (Foto por Paulette Jeffrey)

Paul Jeffrey se aleja de su casa (centro, al fondo) en Ortley Beach, Nueva Jersey. (Foto por Paulette Jeffrey)

Uno de sus pacientes lo sabe de primera mano.

Paul Jeffrey tuvo un infarto dos años antes del huracán Sandy. Después de la tormenta, él y su esposa hicieron un esfuerzo intencional para mantener su nivel de estrés al mínimo durante los meses que repararon su casa.

Pero casi un año después del huracán, el hombre de 63 años de Ortley Beach no se sentía bien y necesitó una angioplastia para destupir dos vasos sanguíneos que estaban bloqueados. Jeffrey cree que habría necesitado el procedimiento eventualmente, pero se le adelantó por el estrés de lidiar con las autoridades federales y locales para obtener asistencia económica para las reparaciones de su casa.

Aun así, el executivo jubilado de la industria farmacéutica considera que tuvo suerte. Su casa no tuvo daños significativos, y pudo asumir el costo de las reparaciones. Muchos de sus vecinos perdieron sus casas y no tuvieron el dinero para reconstruirlas.

“Ese tipo de estrés es…extremadamente duro para el cuerpo, en todo aspecto”, dijo Jeffrey. “Físicamente, emocionalmente, psicológicamente, la salud cardiovascular, todo”.