Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Las visitas a hospitales en Estados Unidos son difíciles para Yomi Ogun, M.D., un investigador de ataque cerebral de Nigeria.

Los hospitales siempre tienen acceso a medicina para disolver coágulos en el tratamiento de ataques cerebrales. En su país natal, es un producto escaso. Las ambulancias en Estados Unidos pueden rápidamente trasladar a los pacientes a los hospitales como resultado poco apreciado de vías públicas en buenas condiciones. En Nigeria, dijo Ogun, las víctimas de ataque cerebral con frecuencia mueren antes de llegar al hospital.

A pesar de que es evidente que el cuidado de pacientes con ataque cerebral difiere, Ogun ha notado que hay algunas similitudes en cómo los riesgos de sufrir un ataque cerebral afecta a los estadounidenses de raza negra y a los africanos de países subsaharianos como Nigeria, Ghana y Camerún.

Más de dos tercios de afroestadounidenses pueden trazar su linaje a esos países y otros de la región. Para entender mejor cómo el ataque cerebral y sus factores de riesgo se manifiestan en sus poblaciones, tomará colaboraciones entre investigadores de África y Estados Unidos.

“Así uno compara, uno contrasta, observa áreas de similitudes, áreas de diferencias—y luego ve cómo mejorar”, dijo Ogun, un profesor de neurología y medicina interna de la College of Medicine de Lagos State University.

Lo mismo podría decirse del estudio de ataque cerebral entre los latinoamericanos y los casi 57 millones de hispanos estadounidenses.

El neurólogo mexicano Antonio Arauz, M.D., Ph.D. dijo que, considerando que la mayoría de los ataques cerebrales son prevenibles, los investigadores estadounidenses y latinoamericanos deben unir fuerzas para determinar cómo los comportamientos, las dinámicas sociales, y las condiciones de vida impactan los factores de riesgo como presión arterial alta, diabetes y colesterol alto. Esos tipos de conocimientos pueden conllevar a estrategias de prevención efectivas para reducir los índices de ataque cerebral.

“Un mexicano no come igual en Estados Unidos…que en la Ciudad de México o en su lugar de origen”, dijo Arauz, médico e investigador en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en la capital mexicana.

A pesar que los estilos de vida pueden diferir significativamente, lo que los grupos tienen en común es la genética. Los linajes compartidos de poblaciones que viven vidas distintas en países distintos pueden ofrecer las pistas más valiosas sobre la prevención de ataque cerebral – en los Estados Unidos y en el extranjero.

Ese tipo de investigación puede ayudar a determinar, por ejemplo, si los afroestadounidenses tienen una disposición genética al ataque cerebral, dijo el neurólogo vascular Bruce Ovbiagele, M.D., presidente de neurología de Medical University of South Carolina.

“Aún después de tomar en cuenta los índices más altos de diabetes o hipertensión, aún después de tomar en cuenta el estatus socioeconómico más bajo de afroestadounidenses, existe un riesgo de ataque cerebral que es aproximadamente 30 por ciento más alto [a comparación con los estadounidenses de raza blanca] que aún no podemos explicar”, dijo Ovbiagele.

Los estudios también podrían ayudar a los investigadores a entender cómo la aculturación afecta la salud de inmigrantes a comparación con la de sus hijos y nietos nacidos en Estados Unidos, dijo Jose G. Romano, M.D., profesor y jefe de la división de ataque cerebral del departamento de neurología de la Miller School of Medicine en la University of Miami.

El ataque cerebral es la quinta causa de muertes del país y es una causa principal de discapacidad. Además, es la segunda causa de muertes a nivel mundial. Los estimados de la Organización Mundial de la Salud muestran que la carga de mortalidad y de discapacidad por el ataque cerebral es siete veces más alta en países de ingresos bajos y medianos, como Nigeria y México, a comparación con países de ingresos altos, como Estados Unidos y Alemania.

En Estados Unidos, la prevalencia de ataque cerebral es más alta en afroestadounidenses que en blancos e hispanos. Sin embargo, los afroestadounidenses y los hispano-estadounidenses tienen una mayor carga de riesgo: a comparación con estadounidenses blancos, tienden más a tener diabetes, obesidad, y presión arterial alta no controlada.

Según estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de enfermedades, el ataque cerebral es una de las causas principales de muerte en hispano-americanos y afroestadounidenses, la cuarta y la tercera, respectivamente. Es la quinta causa de muerte de la población estadounidense.

Además, las estadísticas de la American Heart Association muestran que los afroestadounidenses –el segundo grupo racial más grande del país—tienen el doble de probabilidad de sufrir un ataque cerebral inicial y una probabilidad de 30 a 60 por ciento de morir de un ataque cerebral, a comparación con los blancos. Sin embargo, los hispano-estadounidenses tienen menos probabilidad que ambos estadounidenses blancos y negros de morir de un ataque cerebral.

Pero los peritos en el tema dicen que comparar los datos de los Estados Unidos con las vivencias de africanos subsaharianos y latinoamericanos presenta un reto porque las estadísticas fiables de esas regiones son escasas.

Por muchos años, dijo Ovbiagele, los investigadores de Nigeria usaban información de un estudio poblacional de los años setenta para calcular las estadísticas actuales. En América Latina, los investigadores por mucho tiempo se valían de estadísticas de hispanos estadounidenses para calcular las cifras en sus países de origen, dijo Arauz.

Hoy, hay más información local dijeron ambos expertos, pero es mayormente de registros de pacientes de hospitales y no refleja con precisión la población general de un país.

Ovbiagele y sus colegas recientemente analizaron ataques cerebrales en casi 2,000 africanos nativos, afroestadounidenses y euroestadounidenses. Los resultados, que se publicaron el mes pasado en la revista científica Stroke, sugieren que la raza está ligada a la predisposición de ciertos factores de riesgo para el ataque cerebral, y posiblemente hasta el tipo de ataque cerebral.

A comparación con los pacientes euroestadounidenses, la diabetes era más común en los pacientes de ataque cerebral nativos de África y afroestadounidenses. Y casi todos – el 93 por ciento—de las personas nativas de África tenían presión arterial alta, así como el 83 por ciento de los afroestadounidenses. Entre los pacientes euroestadounidenses, el 64 por ciento tenía presión arterial alta.

El estudio también mostró con el ataque cerebral hemorrágico –un tipo de ataque cerebral que causa sangrado en el cerebro y está altamente ligado a la presión arterial alta –era mucho más común en los participantes nativos de África que en los afroestadounidenses.

“La manera en que se previenen los ataques cerebrales, lo que se recalca, posiblemente debe ser un poco diferente [para personas nativas de África [en contraste con los afroestadounidenses y en contraste con los euroestadounidenses]”, dijo Ovbiagele.

Incluso en los grupos étnicos hispano-estadounidenses, es posible que una estrategia uniforme para prevenir el ataque cerebral no sea la más indicada, ya que, al parecer, el ataque cerebral y algunos de sus factores de riesgo impactan a los grupos de manera distinta. Por ejemplo, un informe de los CDC encontró que los puertorriqueños tendían más a reportar condiciones crónicas múltiples, como por ejemplo el ataque cerebral, la presión arterial alta o la diabetes, comparado con personas de ascendencia mexicana, cubana y centroamericana. Otros estudios han mostrado que la diabetes es más común entre mexicano-estadounidenses y puertorriqueños – los dos grupos más grandes de hispanos estadounidenses— a comparación con los hispanos de ascendencia cubana y sudamericana.

“A pesar de que hay factores genéticos en las disparidades, creemos que el factor predominante en las disparidades es el acceso a, y la utilización de, servicios de cuidados de salud, en gran parte mediado por factores socioeconómicos”, dijo Romano, un coinvestigador del proyecto Florida-Puerto Rico Collaboration to Reduce Stroke Disparities.

En América Latina, los investigadores han observado que la presión arterial alta es más común entre venezolanos, chilenos y argentinos, y que la diabetes es más común entre personas oriundas de México, Ecuador, Colombia y Chile.

Ya se han formado colaboraciones entre investigadores estadounidenses y sus colegas internacionales. Ovbiagele dijo que la Medical University of South Carolina tiene proyectos en Nigeria y Ghana. Arauz y Romano colaboraron en un estudio reciente en el que se compararon los factores de riesgo en México D.F. y en Miami. Pero los científicos dijeron que las colaboraciones entre investigadores tienden a ser entre científicos y no instituciones.

El obstáculo principal que enfrentan ahora los investigadores es el dinero. Es difícil encontrar subvenciones para proyectos internacionales, dijo Ovbiagele.

Pero eso no ha disuadido a Ogun, quien tiene una actitud de urgencia. Su mamá y un hermano murieron de ataques cerebrales, y otro hermano sufrió uno hace poco. Investigadores alrededor del mundo tienen una obligación de compartir sus experiencias, dijo.

“Si no documentamos todo lo que estamos viendo ahora, ¿cómo lo harán los que vienen después de nosotros? ¿De qué se avalarán?” dijo Ogun. “Necesitamos hacer investigación de manera universal. No puede ser unilateral”.