Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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El cuidar a su papá enfermo le afectaba a Rosa Rodriguez. Él requería atención a toda hora, y ella casi nunca salía de su casa. Rodriguez no hacía ejercicio y pasaba su tiempo libre viendo televisión. Su salud se vio afectada: estaba deprimida y su presión arterial estaba por las nubes.

Su propia hija la animó a inscribirse en un estudio de investigación sobre los efectos que tiene el bailar en la salud en latinos de más de 55 años de edad que no eran físicamente activos. Una vez que Rodriguez aprendió a bailar bachata, merengue, salsa y cha cha cha, esta abuela de Chicago de 57 años de edad se enganchó – y su presión arterial volvió a estar dentro del rango normal.

Rodriguez fue una de 54 participantes en el estudio dirigido por David X. Marquez, Ph.D., profesor adjunto en el Departamento de Cinesiología y Nutrición de la Universidad de Illinois en Chicago. Los hallazgos se presentaron el viernes en el congreso Sesiones Científicas sobre Epidemiología/Estilo de Vida 2016 de la American Heart Association.

La mitad de los participantes tomó sesiones de bailes latinos dos veces a la semana y se reunió con los investigadores para aprender maneras para mejorar su salud. La otra mitad asistió a clases de educación para la salud que trataron de temas como el control de estrés y nutrición.

Las conclusiones muestran que los bailarines se movían más rápido y eran más físicamente activos que sus pares en las clases de educación para la salud. Por ejemplo, algunos de ellos ahora caminaban en lugar de tomar el autobús.

Marquez dijo que los resultados eran significativos porque indican que el bailar “puede hacer que latinos que son de mayor edad sean más físicamente activos”.

 

Todos los participantes eran hispanohablantes, lo que era un requisito para participar en el estudio. La mayoría eran mujeres inmigrantes mexicanas que habían vivido en los Estados Unidos casi tres décadas. En términos generales, los participantes tenían siete años de educación básica y casi todos tenían un ingreso anual de menos de $25.000. Los investigadores continuaron el estudio del programa en otros grupos de pacientes.

Los latinos de mayor edad de bajos recursos económicos tienen una variedad de barreras que dificultan el que sean físicamente activos, dijo Marquez. Las condiciones crónicas de salud pueden limitarlos. Muchos no tienen tiempo para hacer ejercicio porque cuidan a sus nietos. Puede que algunos vivan en zonas de alta criminalidad y no se sienten a gusto caminando por su vecindario. Otros simplemente no saben qué tipos de ejercicio hacer.

La mitad de adultos latinos no realiza los 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada –como por ejemplo caminar, hacer aeróbicos acuáticos o bailar– que se recomiendan de forma semanal, de acuerdo a datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud.

Marquez escogió los bailes latinos para el estudio porque encajarían culturalmente con los participantes. Él y un instructor de salsa local diseñaron un curso de cuatro meses de duración que incorporó ocho horas de cada uno de los bailes, merengue, cha cha cha, bachata y salsa.

En su práctica de cardiología en Dallas, Carlos E. Velasco, M.D., ve como el nivel económico y la educación afectan la motivación que tienen sus pacientes para hacer ejercicio. Dijo que sus pacientes son de varias razas y etnias, y que le es más difícil motivar a sus pacientes de bajos recursos a hacer ejercicio.

Más que la raza o la etnia, es el nivel de educación y el nivel socioeconómico de una persona lo que afecta la tolerancia, la habilidad o el deseo que tenga esa persona de hacer ejercicio, dijo Velasco, un cardiólogo que ejerce en el Baylor Jack and Jane Hamilton Heart Hospital.

La educación, agregó, tiene un papel aún más importante que el nivel económico en predecir los hábitos de ejercicio porque “una persona que no tiene grandes recursos económicos pero que tiene educación, generalmente sabe que el ejercicio hace bien y está más dispuesto [a] hacerlo”.

Eloy Guerrero, un participante en el estudio que tiene 73 años de edad y que se jubiló de trabajar de conserje, dijo que el programa de Márquez le ayudó a bajar 50 libras.

Guerrero dijo que la experiencia le volvió a despertar la pasión que siente por el baile, y ahora toma clases de ballet folklórico mexicano y danza azteca. También está propagando entre sus amigos más sedentarios cuáles son los beneficios de bailar.

“Yo quiero motivar a las personas de la tercera edad”, dijo Guerrero.

Video cortesía de University of Illinois at Chicago (UIC) News