Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Desde hace décadas, investigadores se han dedicado a entender la dura realidad de que muchos factores sociales afectan la salud.

Aún es muy pronto para saber cómo precisamente estos factores impactan la enfermedad del corazón, el ataque cerebral y otros problemas de salud significativos.

Conforme progresa la labor para entender plenamente estas relaciones, no se puede negar los efectos muy evidentes de estos factores que se conocen como “los determinantes sociales de la salud”. Entre estos factores se encuentran educación, ingresos, acceso a cuidados de salud, vivienda y entorno.

A continuación se presentan algunos esfuerzos en distintos lugares del país para entender mejor y abordar estos problemas.

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En Denver y sus alrededores, la organización Colorado Black Health Collaborative, Inc. colabora con médicos, instructores de ejercicio, nutricionistas y otros profesionales de medicina y de bienestar para promover hábitos saludables.

Terri Richardson, M.D. es una doctora de medicina interna y miembro de la junta directiva de la organización sin fines de lucro radicada en Aurora. Richardson dijo que es importante reconocer cómo el trabajo de una persona, el acceso a los parques de vecindario, la disponibilidad de medios de transporte público y otras condiciones pueden impactar la salud.

“Cuando la gente piensa en enfermedad, piensan, ‘si estoy pasado de peso o estoy obeso, estoy comiendo de más’”, dijo Richardson, quien trabaja para Kaiser Permanente y ha ejercido medicina por 30 años. “La gente con frecuencia no piensa, ‘si tengo cierto nivel de escolaridad, eso impactará mi salud’”.

Uno de los proyectos de salud de la organización es un programa que promueve el chequeo de la presión arterial y la diabetes en salones de belleza y barberías.

Para Rosalyn Redwine, oriunda de Denver y estilista por muchos años, la experiencia ha sido muy informativa.

Rosalyn Redwine (Foto por Terri Richardson)

Rosalyn Redwine                         (Foto por Terri Richardson, M.D.)

Ella sabe de primera mano cuán importante es que las personas sepan sus mediciones de indicadores de salud, tales como la presión arterial y la glucosa en sangre. Recordó que su madre nunca se chequeó los indicadores y cuando se le diagnosticó insuficiencia cardíaca congénita, los médicos ya no podían hacer mucho por ella.

A pesar de su experiencia, en el salón, algunos de sus clientes se resistieron a participar en el programa.

“Creo que era el temor lo que no les permitía chequearse la presión arterial, de saber cómo tenían el colesterol, por temor a tener que tomar medicamento – a tener que cambiar su dieta y su forma de vivir y los hábitos de comer,” dijo. “Porque cuando uno tiene el colesterol alto, y cuando uno tiene la presión arterial alta, uno tiene que cambiar qué come si uno quiere vivir”.

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Un programa de educación sobre el control de la diabetes subvencionado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, ayudó al personal de la agencia de servicios de salud de Barbara Gordon tratar de bajar las tasas altas de diabetes en personas de tercera edad en una zona rural de Kentucky. Según estadísticas de los CDC, las tasas de diabetes diagnosticada en los tres condados del área meta de Gordon eran más altas que las cifras estimadas a nivel nacional.

Gordon y sus promotores de salud de la Kentuckiana Regional Planning and Development Agency colaboraron con médicos y grupos comunitarios para distribuir información sobre el control de la diabetes y la nutrición. También ofrecieron clases para controlar el azúcar en la sangre y ayudaron a reestablecer programas educativos.

Gordon, la directora de servicios sociales para la dependencia de planificación, dijo que en comunidades como la de ella, donde muchas personas viven en la pobreza y se criaron comiendo alimentos que no son saludables, y donde el especialista de diabetes más cercano queda a por lo menos 30 millas, esas iniciativas son de suma importancia.

Para muchas personas que necesitaban ayuda para controlar su glucosa en sangre, dijo Gordon: “No era de que el médico no les daba la información. La cuestión era que, ‘sí, tengo toda esta información, pero no tengo idea de cómo hacer que esto sea realista y práctico en mi propia vida”.

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En un vecindario cerca de Washington, D.C., donde los habitantes son mayormente hispanos y latinos de bajos ingresos, un estudio reciente mostró que una preocupación principal de las mamás era que los niños consumían demasiadas bebidas gaseosas y jugos de frutas y no suficiente agua.

Poco después de que se publicaron los hallazgos, los investigadores pidieron a los establecimientos de comidas a animar a los clientes a tomar agua, dijo Uriyoán Colón-Ramos, la investigadora principal del estudio y una profesora asistente de nutrición, programas y políticas alimentarias en la Universidad de George Washington.

Rigoberto Flores (derecha) e Ivonne Rivera, presidenta de The Rivera Group, la empresa de consultaría que trabajó en el proyecto de la Universidad de George Washington. (Foto cortesía The Rivera Group)

Rigoberto Flores (derecha) e Ivonne Rivera, presidenta de The Rivera Group, la empresa de consultoría que trabajó en el proyecto de la Universidad de George Washington. (Foto cortesía The Rivera Group)

Rigoberto Flores dijo que se apuntó inmediatamente porque ha notado que muchos de los niños y los adultos en su entorno están sobrepeso o están obesos. Una de sus hijas batalló con su peso cuando era niña, dijo Flores.

“Siempre he pensado que una comunidad sana, vamos a tener mejores frutos”, dijo el empresario de 45 años de edad quien vive cerca de Hyattsville, Maryland.

Flores dijo que anima a los clientes en su establecimiento de comida a que escojan agua. Dijo que la participación en la iniciativa le ha motivado a comer más frutas y verduras y tomar más agua.

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George A. Kaplan, ex-profesor de epidemiología social en la Universidad de Michigan, dijo que ofrecer los programas de educación es muy bueno, pero se debe hacer aún más.

Eso incluye mejorar la calidad de educación pública para asegurar que las políticas de uso de terrenos promuevan hábitos saludables, y hacer cumplir las leyes que regulan la contaminación industrial.

“Los panoramas de exposición son drásticamente diferentes según quién sea y dónde uno vivo”, comentó.

Otros esfuerzos incluyen programas de prevención de gran escala que animan a las personas a hacer ejercicio, comer alimentos saludables y estar al tanto de su presión arterial, y “eso requiere voluntad política porque eso requiere dinero”, dijo Salvador Cruz-Flores, M.D., un neurólogo y jefe del departamento de neurología de la facultad de medicina Paul L. Foster del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Texas Tech en El Paso.

Cruz-Flores fue uno de los autores en un informe reciente de la American Heart Association que sugiere que las condiciones sociales – más que la biología – explicaban por qué las tasas de obesidad, de presión arterial alta y de diabetes se habían disparado en el transcurso de los últimos 25 años – y por qué las organizaciones que promueven la salud necesitan presionar más para que ocurran cambios.

El especialista de ataque cerebral, quien lleva muchos años estudiando la enfermedad, dijo que reconoce que es abrumante estudiar cómo y por qué las condiciones sociales de una persona afectan la salud. Apuntó que es aún más difícil para los médicos abordar esas condiciones durante sus horarios diarios ocupados.

Pero, dijo Cruz-Flores, algunas de las premisas básicas del concepto de cuidado de salud se tienen que reevaluar.

“Empecemos con las definiciones”, dijo. “¿Cómo se define al pobre? ¿Cómo se define un lugar bueno para vivir en contraste a un lugar malo para vivir? ¿Cómo se define buen apoyo social?”