Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

Un mural adorna la pared de una galera en Bonton Farms, una finca en Dallas Sur. Los habitantes del vecindario pagan menos por los productos agrículas que cultivan.

Un mural adorna la pared de una galera en Bonton Farms, una finca en Dallas Sur. Los habitantes del vecindario pagan menos por los productos agrícolas que se cultivan ahí.

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En Dallas Sur, las estadísticas de salud son tétricas. Allí mueren más habitantes por enfermedad del corazón y diabetes que en otros sectores de la ciudad. Y es mucho más común que una persona que vive allí sea hospitalizada por presión arterial alta.

El ingreso anual por persona en Bonton, un vecindario de Dallas Sur, oscila entre $13.000 y $17.000. Se ha identificado como uno de los más pobres de la ciudad.

Sus habitantes son principalmente estadounidenses de raza negra y están entre los 19 millones de estadounidenses que viven en un desierto alimentario – es decir, viven a más de una milla de distancia de un supermercado que vende frutas y verduras frescas. El supermercado más cercano a Bonton queda aproximadamente a tres millas y media de distancia.

Hace cinco años, Daron Babcock, quien vive en Bonton, sembró un jardín de hierbas y verduras en el lote al lado de su casa para darle a la comunidad opciones de cultivos frescos. En 2014, Babcock y otros habitantes comenzaron a labrar la tierra en dos terrenos de la ciudad para lanzar Bonton Farms.

El director ejecutivo de 52 años dijo que el propósito de la finca va más allá de lograr que la comida sana sea accesible – su misión también es hacerla asequible. Los vecinos de Bonton pagan menos por los tomates de variedad heirloom, las cebollas amarillas, el okra y otros productos, que los clientes de otras partes de la ciudad.

“La seguridad alimentaria es el problema más grande y es el que debemos debatir”, dijo Babcock, quien recibió hace poco la noticia de que la ciudad ha aprobado los planos de ejecución para que la finca pueda construir un supermercado y café en un terreno junto a la finca.

“En comunidades como Bonton, aunque uno tenga un supermercado, las cosas que la gente puede comprar son comidas procesadas. Es un problema mucho más complejo que simplemente acceso. Tiene que ser acceso a comida nutritiva asequible”.

Hay investigaciones que respaldan esa opinión.

Según los hallazgos de un estudio publicado la semana pasada en la revista científica Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, el ingreso de una persona es un indicador mucho más significativo del riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular que la proximidad a un supermercado.

El cardiólogo Arshed A. Quyyumi, M.D., codirector del Instituto de Investigación Cardiovascular Emory Clinical, en la Universidad de Emory en Atlanta, dirigió el estudio. El científico dijo que los hallazgos sugieren que “darle a la gente [acceso a la] comida no necesariamente será la respuesta. Éste es un problema mucho más profundo que tiene que ver más con el entendimiento y la educación, la asequibilidad, etc.”.

En los últimos años, se han impulsado iniciativas por parte del gobierno federal y los gobiernos estatales para atraer supermercados que venden alimentos saludables a comunidades donde éstos son escasos. Hay programas en Luisiana y Minesota, por ejemplo, que esperan motivar a las tiendas de abarrotes a vender frutas y verduras en lugares de bajos recursos y áreas rurales.

En Luisiana, un estado que tiene índices altos de diabetes, presión arterial alta y obesidad, la organización sin fines de lucro Market Umbrella colabora con el gobierno estatal para llevar frutas y verduras locales a zonas rurales. Kathryn Parker, la directora ejecutiva, dice que todos ganan, tanto los agricultures como los habitantes de Louisiana.

“Podemos hacer mucho para tener más producción de frutas y verduras en nuestro estado, para darle de comer a nuestra gente”, dijo Parker.

Además, dijo Parker, las tiendas de abarrotes pueden ayudar a la economía porque crean empleo en las zonas donde no es fácil comprar frutas y verduras locales.

Los estudios sobre la relación entre la seguridad alimentaria y la salud han aumentado durante las dos últimas décadas. Según un estudio reciente sobre la seguridad alimentaria publicado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, los investigadores han encontrado que los adultos que viven en hogares en los que no se pueden comprar alimentos nutritivos con regularidad, las personas tienden más a desarrollar enfermedad del corazón o a sufrir un ataque cerebral.

Esa información tiene implicaciones graves de largo plazo para los 16 millones de hogares estadounidenses que se consideran “carentes de seguridad alimentaria”, es decir, que las personas que viven en ellos no pueden comprar comida nutritiva con regularidad.

Alisha Coleman-Jensen, Ph.D., perito en seguridad alimentaria del Departamento de Agricultura y coautora del informe, dijo que “los desiertos alimentarios pueden contribuir a la inseguridad alimentaria, pero no son uno de los factores más importantes que afectan si un hogar carece o no de seguridad alimentaria”.

Patrick Wright, el director de ventas y mercadeo de Bonton Farms, habla con niños que visitaron la finca a finales de julio sobre la forma correcta de cosechar tomatoes de variedad heirloom.

Patrick Wright, el director de ventas y mercadeo de Bonton Farms, habla con niños que visitaron la finca a finales de julio sobre la forma correcta de cosechar tomatoes de variedad heirloom.

Patrick Wright, el director de ventas y mercadeo de Bonton Farms, se crió en el vecindario de Dallas Sur que, junto con el sector a su alrededor, tiene una población de aproximadamente 3.100 habitantes. Él tiene familiares y vecinos, cuyas familias llevan varias generaciones viviendo allí, que tienen diabetes y presión arterial alta.

El papá de 49 años de edad dijo que trabajar en la finca le ha ayudado a él y a otros habitantes a mejorar sus hábitos alimenticios. Sus comidas de pollo horneado, calabazas, tomates y otros productos de la finca representan un giro de 180 grados, cuando se comparan con las comidas fritas, las gaseosas y los panes azucarados que comía antes.

“Somos seres vivientes y necesitamos comida viviente”, comentó Wright. Dijo que la finca espera ofrecer clases de cocina en el mercado para los habitantes del barrio.

“Tenemos comida fresca y saludable, la tenemos aquí”, dijo Wright, quien ayudó a limpiar el terreno para los cultivos. “Pero eso no es suficiente, solamente proveerlo. Tenemos que también educar a la gente”.