Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Guillermina Rice se ha dedicado a velar por los niños en la escuela primaria de su hijo. Es allí donde ha promovido una iniciativa para el consumo de bebidas saludables.

Para Rice, el interés en nutrición y hábitos para una vida saludable es un tema personal. La diabetes afecta a familiares de la representante de ventas de 47 años de edad. Cuando su hijo Aero, quien ahora tiene 13 años, asistía a Central Elementary School en San Diego, ella empezó a cuidar a los niños durante el recreo como voluntaria.

“Es triste ver como todos nuestros niños que están en la escuela son como discriminados por los otros chiquitos porque están un poquito de sobrepeso”, dijo Rice, quien vive en City Heights, un vecindario de San Diego famoso por sus comunidades de inmigrantes que incluyen mexicanos, etíopes y vietnamitas.

Hace unos años, Rice trabajó con el personal de Central para redactar una política de alimentos y bebidas para las celebraciones de cumpleaños en la escuela. A los padres ahora se les pide ofrecer fruta, lápices y borradores en lugar de pasteles y gaseosas. Ella y otros papás también pidieron a la escuela dar manutención a los bebederos y animar a los niños a tomar más agua.

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Guillermina Rice y su hijo Aero.

Rice fue motivada a tomar acción después de participar en un programa de California Project LEAN, una organización de base que enseña a las personas cómo trabajar con las escuelas y las comunidades para que sea más fácil hacer ejercicio y comer saludablemente en esos entornos. El grupo capacita a papás para presionar a las escuelas a ofrecer comidas nutritivas, agua y leche sin azúcar.

El esfuerzo del grupo radicado en California es una de varias iniciativas en comunidades hispanas y latinas en el país para animar a las personas a tomar agua en lugar de gaseosas y bebidas endulzadas con azúcar.

Fue por medio de las clases de Project LEAN que Rice aprendió que 4 gramos de azúcar es equivalente a 1 cucharadita de azúcar. Y que una lata de 12 onzas de las marcas de gaseosas más vendidas como Coca-Cola o Pepsi, puede contener hasta 10 cucharaditas de azúcar. Para recalcar el punto, a Rice y a los papás se les pidió poner esa cantidad de azúcar en una bolsa de plástico transparente usando una cucharita.

Rice quedó sorprendida.

“Simplemente el hecho de ver en una bolsita de plástico cuánto una soda tiene de azúcar, ya uno se pone a pensar, ‘o Dios mío. Esto es demasiado’”, comentó Rice.

Su hijo y su esposo, Marlin, siguen tomando jugos de frutas y gaseosas pero ella ha reducido su consumo personal.

Desde que Project LEAN empezó hace 30 años, mucho de su trabajo ha sido en comunidades hispanas y latinas, dijo la gerente de programas Katherine Hawksworth.

Uno de los desafíos enfrentados por iniciativas similares son las campañas publicitarias omnipresentes que promueven bebidas azucaradas en comunidades hispanas y latinas.

Según un informe de 2014 del Rudd Center for Food Policy & Obesity de la Universidad de Connecticut, en el año 2013, los anuncios publicitarios en español para bebidas azucaradas vistos por niños hispanos y latinos aumentó en un 32 por ciento sobre lo que habían visto en el 2010.

Además de anuncios publicitarios en televisión y revistas, los fabricantes de bebidas colocan pancartas en tiendas comunitarias y se promueven en los marcadores de las escuelas secundarias. Ese mercadeo tiende a ser en comunidades de escasos recursos que posiblemente no pueden cubrir los costos de programas deportivos y de arte, dijo Jennifer L. Harris, Ph.D., autora principal del informe del Rudd Center y la directora de la división de iniciativas de mercadeo del centro.

Sin embargo, Harris dijo que los padres en esas comunidades tienen más influencia de lo que piensan para obligar a la industria de bebidas a cambiar sus prácticas de mercadeo. Los padres, por ejemplo, podrían presionar a las empresas a promover sus productos de agua en los eventos que patrocinan en las comunidades. “Ellos tienen más poder [como consumidores] que la mayoría de la gente”, comentó Harris.

Las tasas de diabetes y obesidad en los hispanos y latinos, que pueden ser de cualquier raza, son de las más altas en los Estados Unidos. Según estadísticas recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, poco más del 20 por ciento de niños y adolescentes hispanos y latinos son obesos, una tasa más alta que sus pares blancos y negros. La información de los CDC también muestra que los adultos hispanos y latinos tienen las tasas de obesidad segundo más altas después de los negros, y que el 47 por ciento de mujeres y 38 por ciento de hombres son obesos.

En Denver, un grupo comunitario local lanzó una campaña el año pasado para animar a los habitantes del vecindario hispano de Westwood en el sudoeste de la ciudad a tomar más agua y dejar de tomar bebida azucaradas. Muchas de las personas que viven en esa comunidad de bajos recursos son obesas, dijo Gaby Medina, una promotora de salud para Westwood Unidos.

El mensaje de la campaña que hizo Westwood Unidos en conjunto con la Fundación Delta Dental de Colorado se centró en la prevención de caries y la protección de los dientes de leche. Pero Medina, quien vive en Westwood, dijo que no fue fácil animar a sus vecinos hispanos a tomar agua.

Gaby Medina, promotora de salud con Westwoood Unidos, habla con un grupo de niños y sus mamás sobre tomar agua.

Gaby Medina, promotora de salud de Westwood Unidos, habla con un grupo de niños sobre tomar agua.

En los grupos de enfoque, muchos de los habitantes del vecindario dijeron que no confiaban en el agua de red de la ciudad porque el agua de red en sus países nativos no era segura para beber. Algunos expresaron que se preocupaban que las tuberías viejas de sus casas contaminaran el agua con sustancias tóxicas.

Medina, quien tiene dos hijos, se reconoció a sí misma en algunos de los padres.

“Yo cuando llegué aquí a Denver, yo no bebía el agua de la llave”, dijo la mamá 46 años de edad que se trasladó hace 12 años a esa ciudad de la Ciudad de México. “Yo a veces, sino tenía agua de botella, agarraba agua, yo la ponía a hervir antes de consumirla”.

Medina también se enteró que a los padres les preocupaba que los niños no tuvieran acceso a agua en la escuela. Algunos se quejaban de que los bebederos no funcionaban o que los maestros no permitían a los niños salir del aula para tomar agua del bebedero. Westwood Unidos regaló dispensadores de agua a algunas aulas.

A muchas millas de distancia en el Bronx, a la pediatra Vanessa Salcedo, M.D., se le ocurrió un plan para batallar la diabetes, la obesidad y los otros problemas de salud en una comunidad que es mayormente hispana. La mayoría de sus pacientes son dominicanos, puertorriqueños y mexicoamericanos, y muchos tienen sobrepeso o enfermedades crónicas como diabetes, presión arterial alta y colesterol alto.

Salcedo y otros médicos en las seis clínicas de Union Community Health Center en el Bronx hablan con sus pacientes, chicos y grandes, sobre el contenido de azúcar en las bebidas, y el vínculo entre el consumo de azúcar, el deterioro de los dientes, la enfermedad del hígado y la diabetes tipo dos. El personal también diseñó pancartas con botellas vacías de las bebidas azucaradas populares en el Bronx, y junto a las cuales pusieron paquetes de azúcar para demostrar cuánto contenía cada una de las botellas.

La pediatra Vanessa Salcedo, M.D.

La pediatra Vanessa Salcedo, M.D.

Salcedo y su personal también cumplen con lo que dicen. En su clínica, se prohíben las bebidas azucaradas.

Salcedo dejó de tomar gaseosas durante su residencia, y dijo que es importante que los más de 200 empleados de las clínicas pongan el ejemplo para los pacientes.

“Queríamos realmente crear una zona libre de bebidas azucaradas para educar a nuestros pacientes y realmente ser ejemplos”, dijo Salcedo, quien es de herencia dominicana y colombiana. “Nuestros pacientes dependen de nosotros”.

Algunos pacientes han dicho que toman más agua y menos gaseosas, jugos y té endulzado, comentó. La prueba está en los resultados de los exámenes de sangre: los niños con enfermedad del hígado han visto mejorar sus enzimas. Otros tienen el nivel de azúcar en la sangre más bajo y “eso realmente motiva a muchas de las familias”, agregó Salcedo.

“Realmente emociona mucho que este pequeño cambio tengo un gran impacto”, dijo.

Fotos cortesía de Guillermina Rice, Westwood Unidos y Union Community Health Center