Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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En lugares como Nueva York, San Francisco, y otros lugares de la nación, una educación universitaria sin costo de matrícula se ha convertido en realidad — una ganga que también puede otorgar a los graduandos una vida más larga y saludable.

Las estadísticas federales indican que, de promedio, las personas de 25 años que tienen una licenciatura viven alrededor de nueve años más que los que no se graduaron de la escuela secundaria. Los graduados universitarios también son más saludables con índices más bajos de obesidad y tabaquismo comparado con los que abandonaron los estudios secundarios, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

La educación juega un papel importante en las decisiones que toma a la gente, incluso en sus elecciones de estilo de vida, dijo Yasuhiko Kubota, M.D., quien encabezó un estudio reciente que determinó que mientras más escolaridad tiene la persona, menos probable es que desarrolle enfermedad del corazón o sufra un ataque cerebral.

“Cómo se comporta la gente puede afectarse en gran parte por la educación en su niñez y años de adulto joven”, dijo Kubota, un ex cirujano cardiovascular que ahora sirve de investigador en el Centro Osaka para la Prevencion de Cáncer y de Enfermedad Cardiovascular en Japón.

En el estudio, publicado en JAMA Internal Medicine, el riesgo de contraer enfermedad cardiovascular durante la vida era del 55% entre personas con una educación básica, comparado con el 36% para quienes cursaron estudios de posgrado. Un nivel más alto de educación trae consigo mejor empleo y un salario más alto, dijo Kubota, pero aún después de que los investigadores computaran estos factores, más diplomas todavía representaban un nivel menor de riesgo.

El estudio es uno de las docenas que consideran la relación entre el logro educativo y la salud en Estados Unidos. Para muchos estadounidenses, la universidad es una opción inaccesible por su costo. Solo una tercera parte, aproximadamente, de adultos estadounidenses tiene un título universitario, según la Oficina del Censo.

Los expertos dicen que las iniciativas para hacer más accesible la universidad para más personas podrían ayudar a las generaciones futuras. Pero las disparidades relacionadas con la educación también deben abordarse en el consultorio médico, dijo Jennifer Karas Montez, Ph.D., profesora agregada de sociología de la Facultad Maxwell de Estudios en Ciudadanía y Asuntos Públicos de la Universidad de Syracuse, quien investiga los determinantes sociales de la salud, la salud femenina, y la mortalidad.

Los médicos deben saber el nivel de educación que tienen sus pacientes, dijo Karas Montez, quien no participó en el estudio reciente.

“El mejor tratamiento del mundo no será eficaz si la persona no lo entiende y si sus circunstancias de la vida le impiden cumplirlo,” dijo.

Pero las agencias de educación federales, estatales, y locales también deben dedicar más fondos para proveer una educación de calidad para los estadounidenses jóvenes, dijo Karas Montez.

“La belleza de esto es que lo podemos cambiar, ¿no es así? Uno no puede cambiar su edad, pero sí puede cambiar su educación”.

La enfermedad del corazón es el asesino número uno de estadounidenses  y el ataque cerebral es el número cinco. Datos de los CDC parecen sustentar los hallazgos de los investigadores: personas sin diploma de escuela secundaria — aproximadamente 28 millones de adultos Estados Unidos — son desproporcionadamente afectados por estos asesinos principales.

Casi el 14% de estadounidenses que padecen de enfermedad del corazón no se graduó de la escuela secundaria. En comparación, el 11.5% de los pacientes con enfermedad del corazón tiene por lo menos cierto nivel de educación universitaria, según los CDC.

“La educación forma la salud y la mortalidad”, dijo Karas Montez. “Si tuviera que escoger tres datos de información acerca de alguien y pronosticar su esperanza de vida, querría saber la edad, el sexo y el edad, sexo y nivel de educación. Es así de importante”.