Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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ANAHEIM, California – Según un nuevo estudio, uno de cuatro latinos desconoce un dispositivo portátil disponible en muchos entornos públicos que puede utilizarse para salvar la vida de una persona cuyo corazón ha dejado de latir.

Esa cifra se compara con 4 % de estadounidenses de raza blanca que no tenían familiaridad con el desfibrilador externo automático, un dispositivo que le da un impulso de corriente al corazón para restaurar su ritmo normal.

Los hallazgos se publicaron el sábado en Scientific Sessions, el congreso anual de la American Heart Association.

Considerando que los DEAs pueden ser una herramienta crítica para ayudar a las personas supervivir un paro cardíaco, los resultados recalcan que hay una necesidad urgente de educar a latinos, dijo Benjamin S. Abella, M.D., un investigador que participó en el estudio quien es un médico de medicina de emergencia en el Hospital de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia.

El saber cómo usar un DEA es “una parte importante de lo que es ser un ciudadano informado y capacitado para responder a emergencias”, dijo Abella, director del Centro de la Ciencia de la Resucitación de la universidad.

Abella y sus colegas analizaron respuestas de 9 022 estadounidenses que participaron en una encuesta telefónica entre septiembre y noviembre 2015. Uno de 10 participantes era latino, y la mayoría eligió contestar la encuesta en inglés.

Según estadísticas de la AHA, cada año, más de 350 000 estadounidenses tienen un paro cardíaco fuera de un entorno hospitalario. Aproximadamente uno de cinco ocurre en entornos públicos como aeropuertos, restaurantes y centros comerciales.

Hay investigaciones que muestran que el administrar la reanimación cardiopulmonar y usar rápidamente un DEA aumenta las probabilidades de supervivencia de la persona que tiene un paro cardíaco.

Graham Nichol, M.D., un médico que lleva muchos años ejerciendo en el campo de la medicina de emergencia en Seattle, dijo que las dependencias gubernamentales, organizaciones sin fines de lucro y organizaciones comunitarias como los departamentos de salud estatales, las iglesias y los grupos que abogan por los derechos de inmigrantes, deben colaborar para lanzar programas educativos sobre la RCP y el uso de DEAs en vecindarios donde las personas tienen menos probabilidades de supervivir un paro cardíaco.

Las campañas que toman en cuenta las características culturales, los niveles de escolaridad y los niveles de ingresos de dichas comunidades tienen el potencial de “mejorar la salud en general”, dijo Nichol, un catedrático de medicina en la Universidad de Washington que no participó en el estudio.

Abella dijo que el próximo paso es estudiar más a fondo la información que han recopilado para entender por qué los latinos tienden menos a saber lo que es un DEA – y quién está capacitado para usarlo. Solamente 19 % de los latinos dijo que cualquier persona puede usar un DEA, a comparación con 30 % de estadounidenses blancos, 22 % de estadounidenses negros y 22 de estadounidenses asiáticos.

“No son sólo para los proveedores de salud que están en el campo de la medicina”, concluyó Abella. “Son para cualquiera que se enfrente a un paro cardíaco”.

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