Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Rob Quinn sospechó que algo andaba mal cuando empezó a faltarle el aire. A sus cincuenta y tantos años, su salud estaba bastante bien. Pero sabía que los problemas respiratorios podrían ser una seña de enfermedad del corazón. A su padre le había cobrado la vida unos años atrás.

Los resultados de la pila de exámenes que le hicieron mostraron que todo andaba bien. Pero Quinn, quien había supervivido un infarto 15 años atrás, insistió en que le hicieran más pruebas.

Su insistencia le benefició. Los nuevos exámenes revelaron que tenía cardiomiopatía, una condición en la que el músculo del corazón se agranda o se engrosa.

En aquel entonces, Quinn vivía en una zona rural de Massachusetts. Después del diagnóstico, se trasladó a Boston con la esperanza que ahí encontraría un cardiólogo con experiencia en tratar a pacientes que –como él– eran VIH positivo y sufrían de enfermedad del corazón.

“El trayecto no ha sido fácil”, dijo Quinn de sus varias luchas con problemas de salud que han incluído sida, dependencia al alcohol y Kaposi Sarcoma, un cáncer vinculado al sida. El especialista de desarrollo infantil de 58 años dijo que el volver a encarrilar su salud fue difícil porque los médicos que lo atendían no tenían experiencia en tratar a pacientes que vivían con VIH y enfermedad del corazón.

“Estamos todos aprendiendo juntos”, dijo Quinn.

Muchos adultos de mayor edad están en riesgo de desarrollar enfermedad del corazón o de tener un ataque cerebral. Pero para personas que viven con el VIH, el riesgo es aún más alto. Según varios estudios, las personas que viven con VIH tienen un riesgo más alto –entre 50 y 100 &– de tener un infarto o un ataque cerebral. Ahora un estudio nuevo sugiere por qué.

El estudio que se publicó en noviembre 2017 en la revista científica Journal of the American Heart Association comparó el cuidado cardiovascular que recibieron pacientes VIH positivos y pacientes VIH negativos que tenían un riesgo alto de desarrollar enfermedad del corazón o de tener un ataque cerebral. Para el informe, los investigadores evaluaron si los médicos habían usado protocolos de prevención de uso generalizado.

Los científicos determinaron de que, a comparación con los pacientes que no tenían el virus, los pacientes que vivían con el VIH tenían menos probabilidad de que se les recetara aspirina o medicamentos para bajar el nivel del colesterol.

Aunque el estudio no abordó por qué los médicos no estaban siguiendo las pautas, los investigadores sugirieron que, porque algunos doctores de cabecera tienen tiempo limitado para atender a sus pacientes, tienden a concentrarse más en tratar el VIH que en seguir los protocolos de prevención.

El médico internista Joseph A. Ladapo, el autor principal del estudio, trata a pacientes VIH positivos en el Centro Médico Ronald Reagan de UCLA. El doctor Ladapo que había tenido la impresión de que muchos de sus pacientes no estaban recibiendo el cuidado preventivo que necesitaban para reducir su riesgo de tener un infarto o de tener un ataque cerebral. Los hallazgos, dijo, muestran “qué mal trabajo hacemos como médicos en ayudar a nuestros pacientes a reducir el riesgo de enfermedad del corazón”.

Hasta los mediados de los noventa, la mayoría de las personas viviendo con el VIH morían relativamente rápido de una enfermedad vinculada al sida. Pero conforme los tratamientos han mejorado, eso ha cambiado. Hoy, no es inusual que los médicos tengan pacientes en sus cincuenta, sesenta o incluso sus ochenta. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, en 2015 (el año más reciente para el que hay estadísticas) habían más de 970 000 personas en Estados Unidos viviendo con VIH, y casi la mitad tenían más de 50 años.

Desde los primeros años de la epidemia del sida, los investigadores de VIH y enfermedad cardiovascular han sabido que las personas viviendo con VIH estaban en riesgo de desarrollar enfermedad del corazón o de tener un ataque cerebral, dijo el cardiólogo Dr. Thomas G. Neilan, director de cardio-oncología del Hospital General de Massachusetts. Sin embargo, los médicos no han desarrollado protocolos claros para el cuidado de enfermedades cardiovasculares para pacientes VIH positivos.

Neilan, quien es el cardiólogo de Quinn, dijo que la ausencia de pautas es sorprendente porque en pacientes que viven con VIH, es probable que la enfermedad cardiovascular no esté tan fuertemente ligada con el virus como con una combinación de factores, como inflamación vinculada al VIH, las terapias antirretrovirales que se usan para tratar el virus, y la prevalencia de presión arterial alta y otras condiciones que pueden conllevar a enfermedad del corazón y a ataque cerebral.

El estudio de Ladapo respalda hallazgos previos. En un estudio de 2012, por ejemplo, los científicos determinaron de que en pacientes que vivían con VIH y que tenían riesgo de desarrollar enfermedad del corazón y de tener un ataque cerebral, a menos de uno de cinco se les recetó tomar aspirina para reducir este riesgo.

El doctor David N. Schwartz, jefe de la división de enfermedades infecciosas del Sistema de Salud y Hospitales del Condado de Cook, ubicado en Chicago, dijo que cuando se trata a pacientes con VIH, la prioridad inicial es controlar el virus. Pero en pacientes mayores, dijo, también se debe prestar atención a la presión arterial alta, diabetes y otras condiciones que pueden aumentar el riesgo de enfermedad del corazón y de ataque cerebral.

Rob Quinn (derecha) con sus hermanos Michele Quinn y Roland E. Quinn, Jr. (Foto por Jen Quinn)

Rob Quinn (derecha) con sus hermanos Michele Quinn y Roland E. Quinn, Jr. (Foto por Jen Quinn)

Quinn dijo que su experiencia le enseñó que él debe estar en control del cuidado de su salud. Anima a otros que viven con VIH a que tomen la batuta cuando traten con sus médicos, que hagan preguntas, que sepan el historial de salud de sus familias, que estén atentos a sus cuerpos — y que estén alertas a los riesgos de desarrollar enfermedad del corazón y de tener un ataque cerebral.

Quinn, quien aboga por equidad en cuidados de salud para personas que viven con VIH, dijo que con frecuencia les a personas jóvenes que viven con el virus que es posible que no sepan por muchos años cómo o si los medicamentos que toman para controlar el VIH pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Dijo que también es importante que los médicos conozcan a sus pacientes y que escuchen atentamente lo que les comentan sobre su estado de salud. La relación médico-paciente, debe ser de colaboración, dijo.

También dijo que quisiera ver más estudios sobre enfermedades cardiovasculares en personas que viven con VIH.

“A veces siento que somos una comunidad olvidada para los investigadores”, dijo. “Es como que, siempre se trata sobre la próxima generación. Al diablo con eso. Cuidemos de esta generación ahora. Estamos presentes, seguimos vivos”.

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