Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Por varios años, investigadores han sabido que los adultos hispanos y latinos en Estados Unidos tienden, en términos generales, a fumar menos que sus pares blancos y negros. Pero estadísticas federales muestran que un grupo de hispanos fuma más que los demás: los puertorriqueños.

Según un informe reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, casi el 29% de puertorriqueños fuma cigarros a comparación con el 20% de cubanoamericanos y 19% de mexicoamericanos. Solo aproximadamente el 16% de centro o sudamericanos fuman. Uno de cada cuatro estadounidenses blancos y negros fuma.

Las raíces culturales y el estrés económico podrían explicar la disparidad, dijo Aida L. Giachello, Ph.D., una profesora de investigación de medicina preventiva en la facultad de medicina Feinberg Medical School, de Northwestern University.

El hábito persistente de fumar de los puertorriqueños podría ligar a la historia agricultora de tabaco de la isla caribeña, y las agresivas campañas de mercadeo de la industria tabacalera, dijo Giachello, quien investiga la salud cardiovascular y el uso de tabaco entre los hispanos y latinos.

En sus grupos de enfoque sobre uso de tabaco, los participantes puertorriqueños con frecuencia dicen que sus papás y abuelas eran fumadores. Por muchos años, fumar era una norma aceptada, en parte porque se consideraba un oficio aceptable, dijo Giachello.

“Ellos querían que esas industrias tabaqueras continuaran con su prosperidad porque iba a conllevar a mejores resultados, en cuanto al beneficio económico”, dijo Giachello, quien es oriunda de Puerto Rico y cuyo esposo murió de un cáncer vinculado a fumar.

Las tasas de fumar son mucho más bajas en Puerto Rico, donde aproximadamente el 11% de personas fuman. Las regulaciones estrictas de tabaco, la reducción del cultivo de tabaco y otros cambios económicos contribuyeron a cambiar las actitudes, dijo Giachello, quien ha estado involucrada en iniciativas de prevención en Puerto Rico.

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Pero muchos de los 5.4 millones de puertorriqueños que viven en Estados Unidos tienen trabajos de poca paga y viven en vivienda de mala calidad. Giachello dijo que el estrés económico y el emocional común en personas de bajos ingresos podrían ser otra razón por la que las tasas de fumar son altas en puertorriqueños, ahora el grupo étnico hispano y latino más grande después de los mexicoamericanos.

Las estadísticas de fumar se dieron a conocer poco después de otro informe de los CDC que se publicó este verano que indicó que, al parecer, los puertorriqueños no solo tienen un peor estado de salud que sus pares hispanos, sino también a comparación con los de estadounidenses que no son hispanos.

Los legisladores usan ese tipo de estadísticas para decidir cómo designar fondos para programas de salud, incluso aquellos que ayudan a fumadores dejar de fumar y prevenir que, en primer lugar, las personas empiecen a formar el hábito. Pero puede que las campañas uniformes contra fumar no sean efectivas en todos los grupos hispanos y latinos, comentó Giachello.

“Si uno tiene pocos recursos, uno quiere que esos recursos, en cuanto a los puertorriqueños en Estados Unidos, se dediquen más a la cesión de fumar en lugar de la prevención”, Giachello agregó. “Pero porque sabemos que los centroamericanos tienen tasas más bajas, lo que queremos es mantener esa más baja tasa”.

Fumar cigarros daña los vasos sanguíneos y puede causar aterosclerosis, una enfermedad caracterizada por la acumulación de placa en las arterias. Con el paso del tiempo, esto puede conllevar a enfermedad del corazón, ataques al corazón y ataques cerebrales. El humo de segunda mano también ha sido vinculado a problemas cardiovasculares, daños pulmonares, asma e infecciones de oído en los niños.

Aunque en los últimos 30 años se ha hecho “progreso considerable” en reducir las tasas de fumar en Estados Unidos, los hallazgos recientes sugieren que no se ha hecho suficiente en los hábitos de fumar los puertorriqueños y los cubanos, dijo Brian King, Ph.D., subdirector de traducción de investigación de la Oficina de Tabaquismo y Salud de los CDC.

Las estadísticas recalcan que “se requieren más esfuerzos si vamos a reducir el consumo de tabaco uniformemente en la población entera”, agregó.