Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

Una mama abraza a su bebé de 9 meses tres meses después que el Huracán María destruyó su casa en Puerto Rico. (Foto por Mario Tama/Getty Images)

Una mama abraza a su bebé de 9 meses tres meses después que el Huracán María destruyó su casa en Puerto Rico. (Foto por Mario Tama/Getty Images)

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Los hospitales y las clínicas en Puerto Rico siguen lidiando con la destrucción masiva en la isla que causó el año pasado el Huracán María.

Sin embargo, mientras continúa la recuperación — y mientras los puertorriqueños se preparan para la próxima temporada de huracanes que empieza el viernes — a los médicos les preocupa las implicaciones de salud a largo plazo que ha dejado María en los 3,3 millones de personas que viven en el territorio estadounidense.

El riesgo de enfermedad del corazón, ataque cerebral y otros problemas de salud podrían empeorar por la magnitud de la tormenta, preocupaciones que se suman a las inquietudes de la salud existentes desde hace mucho tiempo en Puerto Rico. Peritos de salud dicen que las razones de las dificultades actuales son muy diversas, y comienzan con dificultades del día a día mientras se desenvuelven los esfuerzos de recuperación.

“La prioridad es sobrevivir”, dijo el doctor Angel M. Dávila, director del departamento de emergencia del Hospital HIMA San Pablo Cupey en San Juan. “[A] ellos les importa que no tienen energía eléctrica, que no pueden ni siquiera hacer cosas. Muchos no tienen ni agua”.

Según profesionales de salud, los isleños más vulnerables son las personas de escasos recursos y las personas mayores que viven en áreas rurales donde la tormenta causó muchos de los daños severos.

Tres días después que la tormenta arremetió contra la isla el 20 de septiembre de 2017 y destruyó hospitales, clínicas y farmacias, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias dijo que más del 70 % de los municipios de la isla calificaron para subvenciones para la recuperación. Según informes, muchos hospitales y clínicas volvieron abrir sus puertas, pero algunos solo por varias horas al día.

El doctor Juan C. Sotomonte, un especialista en electrofisiología cardíaca en San Juan, dijo que se preocupa más por los pacientes de las zonas más damnificadas que padecen de condiciones crónicas como presión arterial alta y diabetes. Ambos son factores de riesgo significantes que conllevan a enfermedad del corazón y ataque cerebral, las dos principales causas de muertes a nivel mundial.

“El cuidado de salud primario, en el contexto cardíaco, determina la necesidad de cuidados de más alto nivel”, dijo Sotomonte, quien es el director médico del Centro Cardiovascular de Puerto Rico y del Caribe. “No queremos que ninguno de esos pacientes tenga que ser ingresado constantemente por insuficiencia cardíaca o cualquier otra condición”.

La dieta es otro foco de preocupación.

En algunas zonas rurales, es difícil encontrar frutas y verduras frescas. La tormenta arrasó con siembras de plátanos, bananos, maíz y otros productos agrícolas. Aun cuando volvieron abrir los supermercados, muchas personas no podían llegar a ellos porque no tenían medios de transporte y las vías públicas estaban bloqueadas por los escombros que dejó la tormenta.

Carmen M. Vélez, una investigadora de salud pública en la Universidad de Puerto Rico, dijo que ha viajado por la isla para un proyecto de investigación y entrevistó a personas que sabían “que no se estaban alimentando correctamente, pero, ya sabe, uno tiene que comer”.

A ella le ha preocupado que el consumo prolongado de alimentos procesados que se distribuyeron por medio de iniciativas de recuperación, sin otros alimentos saludables, podría contribuir a la presión arterial alta, la diabetes y el colesterol alto.

Estos factores impactan algunas preocupantes estadísticas de salud en Puerto Rico que existían antes de la tormenta.

Por ejemplo, según información de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la diabetes y la obesidad son más prevalentes en Puerto Rico que en estados continentales. Además, las estadísticas de la dependencia federal muestran que la isla tiene uno de los índices más altos de mortalidad por presión arterial alta en adultos mayores de 35 años.

Un informe del departamento de salud del territorio muestra que casi el 50 % de adultos entre 50 y 64 años tienen presión arterial alta. El informe también encontró que más de una tercera parte tiene diabetes y aproximadamente el 42 % tiene problemas de colesterol.

Además, según un reporte reciente de la American Heart Association, el acceso a servicios de cuidados de salud de alta calidad se ha dificultado por varios años porque muchos médicos de cuidados primarios y especialistas se han trasladado a Estados Unidos, porque allí pueden ser mejor remunerados.

El informe dice que entre 2014 y 2016, más de 1 400 médicos cancelaron sus licencias médicas emitidas en Puerto Rico.

Podrían pasar meses o años antes de que los investigadores y los médicos sepan cómo María impactó realmente a la salud cardiovascular de puertorriqueños.

Las autoridades de la isla han tenido dificultades en contablizar el número de muertes que se pueden atribuir María. El gobierno ha dicho que murieron 64 personas, pero investigadores que hicieron un análisis publicado el martes en la revista científica New England Journal of Medicine, calculan que esa cifra puede superar 4 000. Según el nuevo estudio, hasta una tercera parte de las muertes que ocurrieron en los tres meses después de la tormenta pueden ser ligadas a retrasos en cuidados de salud o a la interrupción de servicios de cuidados de salud.

Dávila, quien ayudó a distribuir medicamentos y suministros a personas después de la tormenta, sospecha que tratará a más pacientes con diabetes.

Y con la llegada oficial el viernes de la nueva temporada de huracanes, Dávila se pregunta si los puertorriqueños estarán mejor preparados.

“Necesitamos organizarnos para un período de tiempo largo”, agregó Vélez.

Sotomonte instó a los puertorriqueños que padecen de condiciones de salud a que hagan una lista de medicinas que necesitan, y que les pidan a sus médicos que les den recetas de por lo menos 30 días para volver a surtir sus medicinas.

Los médicos deben colaborar con líderes comunitarios para coordinar los cuidados de salud en caso de una crisis, añadió.

“Simplemente estar preparados”, advirtió. “No dejen nada a la suerte”.

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