Por AMERICAN HEART ASSOCIATION NEWS

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Para determinar cómo darle el mejor tratamiento a un paciente, los proveedores de servicios de salud habitualmente consultan documentos llamados guías de práctica clínica.

Ocasionalmente –como se espera que ocurra el lunes, cuando se presentarán la nueva guía de práctica clínica para tratar la presión arterial alta— pueden generar mucho interés.

¿Pero qué, exactamente, son guías de práctica clínica? ¿Por qué son tan importantes? ¿Y cómo se elaboran?

Las guías son documentos que ayudan a los médicos a entender cuáles son las mejores estrategias para diagnosticar, tratar e incluso prevenir enfermedades y condiciones. Las recomendaciones de las guías se fundamentan en la evidencia científica más robusta y en una estrategia minuciosa.

El desarrollo de una guía es un proceso riguroso porque su elaboración gira en torno al estudio científico. Cuando la American Heart Association desarrolla guías de práctica clínica, ya sea de forma independiente o en conjunto con otras organizaciones, se comienza el proceso con un comité de control integrado por peritos voluntarios. Este grupo identifica el tema y las principales preguntas que se deben abordar, y elige el comité de redacción.

Por lo general, el comité de redacción lo integran aproximadamente 15 peritos de ciencia y medicina. Son voluntarios de distintas pericias, no remunerados, y tienen experiencias diversas, lo que garantiza que se tomen en cuenta varias perspectivas.

“Ésta es una tarea que desempeñan personas que sienten un fuerte compromiso por cerciorarse que la más nueva y la mejor de las mejores evidencias sean disponibles a los proveedores de servicios de salud”, dijo Elliott Antman, M.D., ex-presidente de la AHA quien presidió un comité de redacción en 2004 que ayudó a agilizar el tratamiento efectivo de un tipo de infarto mortal.

Es importante cerciorarse de que las empresas farmacéuticas, los fabricantes de dispositivos o las industrias relacionadas no tegan influencia sobre los miembros del comité de redacción, ya que pueden conllevar a predisposiciones en las recomendaciones de las guías. Existen regulaciones que rigen esto.

Sin embargo, para el desarrollo de algunas guías, podría ser acertado incluir un pequeño grupo de personas que tengan alguna afiliación con la industria por la pericia que pueden aportar, dijo Antman, vicedecano de investigación clínica y traslacional de la Facultad de Medicina de Harvard y médico senior en la división cardiovascular del Hospital Brigham and Women’s en Boston, quien agregó que a esos individuos no se les permite votar sobre recomendaciones ligadas a la relación que tengan con la industria.

Una vez se designa, el grupo de redacción empieza a recopilar estudios publicados y los analiza cuidadosamente. Los peritos se aseguran de incluir la investigación científica más importante y rigurosa – y de excluir aquella que no cumple con ese estándar.

Después de discutir, debatir y votar, el comité acuerda qué recomendar. Su siguiente tarea es priorizar las recomendaciones. Las sugerencias se clasifican de acuerdo a una “categoría” y un “nivel”. La categoría se refiere a cuán probable es que la recomendación ayude a un paciente, tomando en cuenta los riesgos. El nivel de evidencia clasifica el tipo, la cantidad y la coherencia de investigación, en una escala de la letra A a la C.

Por ejemplo, la recomendación más fuerte es la Clase IA, es decir, es el consejo más útil fundamentado enla investigación más convincente.

Cuando el comité presenta sus recomendaciones, comienza el proceso de revisión por expertos. Las recomendaciones se envían a varios peritos para que las repasen, las revisen, las cuestionen o aporten comentarios sobre ellas. Por ejemplo, cuando Antman presidió sobre la elaboración de guías, 93 personas que no formaron parte del comité aportaron comentarios.

“No es inusual que se responda a varios cientos o varios miles de comentarios”, dijo Alice Jacobs, M.D., una ex-presidenta de la AHA quien ha integrado varios comités de redacción y quien por tres años fue la presidenta del comité que supervisa todas las guías mancomunadas que crea la AHA en conjunto con el Colegio Americano de Cardiología.

“Cuando se publica, el documento ha sido evaluado por muchos miembros de las comunidades académicas y clínicas que son peritos en el tema”, dijo Jacob, vicepresidenta de asuntos clínicos del departamento de medicina del Centro Médico de Boston, y profesora de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston.

La American Heart Association ha publicado información médica y guías desde su publicación en 1926 de “Nomenclature for Cardiac Diagnosis”, un documento que ayudó a los médicos diagnosticar enfermedad del corazón. Desde entonces, la organización ha creado pautas que abarcan una variedad de temas relacionados con enfermedad del corazón y ataque cerebral.

La asociación ha creado numerosas guías junto con el Colegio Americano de Cardiología. Los grupos trabajaron juntos por primera vez en 1984, cuando – a solicitud del gobierno federal– redactaron pautas para marcapasos. Desde entonces, las dos organizaciones han desarrollado guías sobre 20 temas distintos sobre enfermedad cardiovascular.

En 2013, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre, una dependencia federal, pidió a los dos grupos oficialmente dirigir el proceso para el desarrollo de un grupo de guías importantes para enfermedades cardiovasculares centradas en la prevención.

Uno de los retos de crear una pauta es que los tratamientos se fundamentan en promedios: Qué es lo que ayudará a la mayor cantidad de pacientes, con el menor riesgo posible de efectos secundarios. Pero, dijo Antman, en realidad no existe un paciente promedio. Por eso, el proveedor de servicios de salud del paciente debe aplicar un juicio clínico de cómo las pautas aplican a él.

Las guías futuras incorporarán hallazgos de investigaciones sobre la medicina de precisión que permitirán que información – como por ejemplo, el cuadro genético de una persona—se use para tratar personas específicas, dijo Antman. En lugar de desarrollar recomendaciones para la persona promedio, el enfoque “personalizado” de la medicina permitirá que los tratamientos cardiovasculares sean aún más precisos en el futuro, concluyó Antman.

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